El caluroso y agobiante agosto presentaba los carteles de la feria taurina albaceteña, la llamada fiesta española que llenaba de ilusión a los mil y un aficionados, entre los cuales se encontraban José Fernández Carcelén, uno de mis jefes de servicio más queridos
El caluroso y agobiante agosto presentaba los carteles de la feria taurina albaceteña, la llamada fiesta española que llenaba de ilusión a los mil y un aficionados, entre los cuales se encontraban José Fernández Carcelén, uno de mis jefes de servicio más queridos y recordados, que tiempo atrás había sentido pasión por don Pedro Martínez "Pedrés" y ahora se afiliaba al valiente, soberbio e invencible Dámaso González; por cierto, que vivía en uno de los pisos de su finca enclavada en el número 17 de la calle Salamanca.
![[Img #52952]](upload/img/periodico/img_52952.jpg)
Lo taurino encandilaba a mis conserjes Ramón Moreno Sánchez, admirador sin discusión de Manuel Benítez "El Cordobés", y a Lucas López padre, que vio torear a diestros tan legendarios como "Manolete", Arruza, Luis Miguel Dominguín, Bienvenida, Pepín Martín Vázquez, "El Litri" y demás familia "tauromáquica " relevante (Lucas aseguraba que aquel fatídico día de agosto de 1947, Manuel Rodríguez estaba teniendo una tarde mala y, posiblemente, por eso se jugó la vida al entrar a matar).
Pedro Díez Rangil, hablaba de Diego Puerta, Ordóñez y Ostos mientras se tomaba pastillas para aguantar la jaqueca que lo castigaba constantemente a la vez que ejercía de flamante telegrafista y de eficiente representante del laboratorio "Ibis" (siempre tendré que agradecerle infinitamente la cantidad de medicamentos que me dio para mi adorada progenitora en horas de declive).
Los diestrosVamos con los cartelitos de marras, con los intrépidos y espectaculares diestros de la tierra del acero: el citado Dámaso, uno de esos héroes que merecen libros amplísimos con los éxitos acumulados a lo largo y ancho de su dilatada y fabulosa carrera, Antonio Rojas, José Gómez Cabañero, que volvía a los ruedos tras su despedida en el 68, y la gran promesa , o sea, Juan Luis Rodríguez, que se disponía a tomar la alternativa...
Cabañero torearía el 10 de septiembre al lado de Miguel Márquez y Julián García. Dámaso y Rojas lo harían el 11 a la vera de Puerta, y Juan Luis el 14 con José Fuentes y y el citado repetidamente Dámaso.
Se hablaba tanto del cartelillo que, a "bordo" de mi moto derechito a Francisco Pizarro, 46, con telegramas de pésame para los familiares de Enriqueta Sáez, señora que acababa de fallecer a la avanzada edad de 86 años, que no escuchaba los piropos que me lanzaban algunos amigos y don Gil Piñero, el jefe de líneas que solía halagarme con lo de "torero, torero". En los umbrales de Correos y Telégrafos seguían las charlas alusivas a las próximas corridas oteando la carrera de camareros con motivo de la festividad de Santa Marta (Romero Nieto, Fina Siquier y Pepe Serrano, Angelita, Juan Pardo, Abilio, Alfaro, Rubio, Muñoz, Calvo, "Juanito", Ramón Piñero y sus hermanos Daniel, Juan y Pepe, Escribano y Alarcón, Soria... y carteros y ejecutivos observando las acrobacias de los hábiles trabajadores trotando por los jardines del Altozano).
El cine Carretas aguardaba a los cinéfilos con "Don Quijote en el Oeste ", un hidalgo sin lanza en astillero, ni adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor, aunque corría que se las pelaba por los caminos de las montañas rocosas.
En la tele espacios amenos del corte de "El último café", de Alfonso Paso, y zarzuelas de Orduña...Y una noticia pintoresca y diferente: Aurora Lorenzo Roldán, una atractiva señora, se convertía en la primera mujer alcaldesa de la provincia de Albasit, designada para el cargo en San Pedro... ¡ Arriba las hembras de buen ver y mejor hacer! gritaban en el mercado "La cari" y "Rufina la Piñonera.
Merecidísimo homenaje en Barrax al que se convertiría con el andar de los tiempos en unos de mis amigos idolatrados, el gran Paco González Bermúdez, cronista de ese exquisito pueblo, en mérito a sus trabajos de investigación histórica. Paco, para colmo de bienes, había colaborado en la creación del escudo heráldico de la villa y publicado "Historia y Geografía de la villa de Barrax ", creando las célebres "Cuervas Literarias" y trocándose en "Paladín de la Mancha " y portando en su solapa una placa de plata con inscripción entrañable.Se le impuso con toda justica el emblema de una "Cuervera de Oro".
No obstante de ese y decenas de noticias agosteñas la que privaba era la de los cartelitos de la tauromaquia y oí tantísimo los nombres de los matadores, de las ganaderías, banderilleros e hinchas que en una de las cálidas madrugadas, soñando a "capa y espada" , me vi de improviso en la plaza ataviado con traje de luces esperando a la fiera que pesaba más que los tres camiones de Antonio, el de la Carretera de Jaén y que su suegra Abelarda, anciana que no se ponía a régimen porque le encantaban los arroces con pollo, los chorizos y morcillas caseras y el "Pan de Calatrava " y el de "ca" la Anselma con sus barras "mal echas" y roscones de campanillas.
![[Img #52953]](upload/img/periodico/img_52953.jpg)
Salía el torito del toril y lo recibía con los ojos abiertos de par en par arropado por los aplausos del gentío y las palabras de aliento del conjunto telegrafero que vociferaba desde la barrera: - ¡ Ánimo, "Belmonte", corta orejas, rabo, sal a hombres... y vuelve al cuarto de reparto a recoger las salidas atrasadas! -¡Aúpa, Valeriano, cómete al animalito y...a repartir! (yo pensaba que lo que me comería mejor sería un estofado de toro y santas pascuas, pero había que dar el tipo...).Lances, pases de rodillas, me subía a lomos del astado y salía disparado en dirección a Munera.
Vuelta a la carga, con "verónicas", "Chicuelinas", "pedresinas ", "monterinas " y "temblorinas " (me temblaban los espolones, los riñones, el hígado y la vesícula, y el corazón me latía al mil por cien). Y para rematar el faenón, el "toro " ,menos guapo que el de "El Fary ", me despidió con una embestida que no quiero recordar.
Afortunadamente desperté en el último minuto...y cuando mis padres me dijeron que si me iba a currar, estaba tan obsesionado con el sueñecito taurinillo, que les dije que no quería torear.