ALFREDO Pérez Rubalcaba es el nuevo secretario general del PSOE, una vez superado el accidentado recuento de votos en el 38 Congreso Federal de su partido, celebrado en Sevilla.
Los veintidós votos de diferencia entre una y otra candidatura certifican el grado de división existente, y lo cerca que ha estado Carme Chacón de lograr su objetivo: encarnar la renovación proclamándose heredera de todo lo bueno que significó Zapatero para España y para el partido.
Al igual que ocurre con Rubalcaba, y de ahí la tensión y la desilusión de muchos socialistas, resulta una pirueta difícil de entender: o se ofrece una renovación, o se ofrece continuismo. Y en esta elección, ha quedado demostrado que los socialistas tenían que elegir cuál de las dos vías continuistas deben dirigir el necesario desvío.
Dado que la elección del candidato a la Presidencia del Gobierno ha de venir de unas primarias, y que cada vez que se han celebrado en este partido, siempre ha salido derrotado el candidato del aparato, cabe pensar que el PSOE ha cerrado en falso su crisis interna, aparcando la necesaria renovación a expensas de lo que ocurra en España en estos meses duros que se avecinan, y que, en su fuero interno, contemplan con un horizonte de elecciones anticipadas.
Algunos analistas afirman que Chacón ha perdido por su discurso. De ser así, es evidente que el PSOE liquida la herencia de ZP, y castiga un discurso que mínimamente pueda levantar la bandera del peor periodo político del partido y de la nación. Y ha sido su proclama a favor de lo que supuso ZP lo que ha podido lastrar su candidatura más que su carácter catalán, que en un partido de vocación federalista castiga pero también cosecha.
En cualquier caso, las espadas, nadie lo dude, siguen en alto. Pérez Rubalcaba tendrá difícil ser de nuevo candidato a la Presidencia del Gobierno. Su papel en esta crisis ha de servir de parapeto para que alguien ofrezca al país una imagen de renovación y a salvo de lo que ha pasado y ha de pasar entre el incendio y el pacto necesario con Rajoy.
Y en nuestra región, hay un claro derrotado: Barreda, que apoyó con firmeza y desde el principio a Carme Chacón.