Miércoles, 15 febrero 2012
La batalla informativa se ceba con la incertidumbre financiera
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Editorial
Por si no fueran suficiente indicio las incoherentes acciones de algunas agencias de calificación, como Moody’s, en este caso, que a la vez que alaban las reformas iniciadas bajan la calificación de nuestra deuda soberana, nuestro gobierno tuvo que pelear ayer durante gran parte del día con una noticia inesperada y grave, que resultó ser falsa: Bruselas sospechaba de nuestros datos oficiales de déficit, según una prestigiosa agencia de información, británica por supuesto.
Mientras los mercados de deuda pública sigan siendo sensibles, como es lógico, a las expectativas generadas por la situación, los datos y las acciones de gobierno de cada país, la información es y será un arma muy poderosa.
Europa está comenzando a librarse de la presión de unas agencias de calificación de riesgo que, en demasiadas ocasiones, en demasiados detalles, han demostrado una especial sensibilidad hacia los intereses norteamericanos, en detrimento de la necesaria estabilidad en Europa.
Ayer, la idea surgida en España, a raíz del primer debate parlamentario de la nueva era, de que el PP podría preferir dibujar un escenario tremendista para sacar mejor rédito a sus posibles logros, pareció calar en el imaginario europeo. Un posible comentario, una posible sospecha, recogida como firme por un periodista de una agencia británica, puso en duda durante horas la fiabilidad del Gobierno de España y la firmeza, por tanto de sus informes, tragando de equiparar a España con Grecia en cuanto al falseamiento de sus datos.
Ello, aderezado, con el aviso firme de posible sanción por fuertes desequilibrios en algunas magnitudes macroeconómicas, que inciden en la necesidad de cumplir lo pactado con Bruselas, algo que está en el ánimo de nuestro país, aun cuando puedan darse diferencias de criterio sobre la eficacia y la bondad de algunas medidas propuestas.
Sería bueno analizar e indagar el origen de una información que más parece lanzada con intención de minar la creciente credibilidad española -reflejada en los mercados de inversión y de deuda soberana-, dentro de una campaña británica que se sostiene desde hace dos años, empeñada e equiparar a Portugal, España, Grecia e Irlanda. La presencia importante de nuestra banca en las islas tendría algo que ver.