Sábado, 18 febrero 2012

Autoengaño

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Blogs 18:46 | 0 Comentarios
La mentira suele ser deplorable, aunque no siempre. Hay mentiras esporádicas, piadosas, compulsivas, mentirijillas y también mentira y gorda. Mentimos para eludir la realidad, tratando de alejar la responsabilidad que supone enfrentarnos a un hecho de difícil explicación. También se miente para manipular y engañar, con el único interés de obtener ventaja y aprovecharse de los demás. Estas son las peores, las más mezquinas, las que deshumanizan al mentiroso y le convierten en un impostor. Sin embargo, no ocurre lo mismo con las mentiras piadosas: los pequeños engaños que evitan situaciones preocupantes y alivian el quehacer cotidiano de una vida ya de por sí complicada. Mentir, a veces, puede ser romántico. Mentirse mucho a sí mismo es patológico, pero hacerlo de vez en cuando resulta saludable. No está mal decirle unos piropos al que nos mira en el espejo, aunque su cara y su vida parezcan un poema. Otra cuestión, desde luego, son los mentirosos compulsivos, que a fuerza de no decir la verdad terminan creyéndose sus propias mentiras para vivir en una realidad paralela de autoengaño. Además, los políticos nos suelen mentir y nosotros nos creemos sus mentiras. A veces lo hacemos por desidia crítica, otras por salud mental. Es difícil levantarse cada día, si piensas que todo es mentira. De hecho, algunos políticos también mienten en su currículum. Carreras que nunca acabaron y estudios fantasmas tratan de falsear la preparación que no tienen. Sin embargo, estos políticos mentirosos no son los peores, porque ellos saben la importancia de tener formación para tomar decisiones. Los peores son los que viven su propio autoengaño, sintiéndose capacitados para gobernarnos con el único aval de su carrera política. Y en esta carrera nadie evalúa los conocimientos, tan solo basta con el aprobado del partido.

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