Lunes, 20 febrero 2012
V Festival Internacional de Circo de Albacete

Antonio Álvarez —Director del V Festival Internacional de Circo—

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Albacete - Local | Diana E. Ruiz 0 Comentarios

“Un circo es una ciudad que se mete dentro de otra”, así define Antonio Álvarez a esta manifestación artística gracias a la cual ha recorrido medio mundo. Su última parada, el Teatro Circo albaceteño, que albergará los próximos 23, 24, 25 y 26 de febrero el V Festival Internacional de Circo

E l mayor espectáculo del mundo ha llegado a la ciudad. Y lo hace bajo la dirección de los Hermanos Álvarez, quienes han tomado las riendas de la V edición del Festival Internacional de Circo de Albacete. Es la octava generación de una familia de gran tradición circense en España, a la que no solo avalan años de experiencia, sino reconocimientos como el obtenido en 2010, momento en el que se hicieron con el Premio Nacional de Circo. Los afortunados que hemos podido acceder al Teatro Circo entre bambalinas ya  llevamos en  nuestras retinas la imagen de la pista central haciendo desaparecer el patio de butacas. La maquinaria está en marcha y pronto dará comienzo el espectáculo.

—El circo nos vende un mundo de ilusión, pero detrás no solo hay horas de trabajo y dedicación,sino que existe un riesgo real que los artistas asumen como una parte más de su trabajo. ¿A lo largo de su carrera ha tenido que lamentar la pérdida de algún compañero?
—De amigos, sí. Gracias a Dios en mi familia no. Aunque nos hemos lesionado muchas veces.  A veces nos olvidamos de que el circo, además de ser un espectáculo es un trabajo. Y es uno de los trabajos en los que se pierden más vidas. Hay accidentes muy graves por todo el mundo, pero es un trabajo del que casi no se habla. El artista de circo, por importante que sea, pasa desapercibido, es gente anónima, aunque sea capaz de hacer un ejercicio único en el mundo. Pero son artistas que solo buscan el aplauso del público. Eso es todo lo quieren.
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—Hablamos de riesgos y de cosas serias. Pero hay quien asume riesgos importantísimos y sale airoso. Es el caso del hermano de su bisabuelo, Federico Álvarez, quien fue capaz de cruzar sobre un alambre las cataratas del Niágara. ¿Hay que hacer locuras como esa para convertirse en alguien en el mundo del circo?
—Bueno, esa hazaña le valió fama mundial. Empezó con el funambulismo y se hizo muy popular en Francia. Cobraba en monedas de oro los pagos de los reyes de Francia o Italia. Hoy en día parece que arriesgar tanto no merece la pena. Con la llegada del circo moderno y la mezcla de artes le otorgan en un atractivo que no requiere un riesgo así.               

—¿Hay estar hecho de una pasta especial para formar parte del mayor espectáculo del mundo?
—La verdad es que las claves de este trabajo son la entrega y el sacrificio. No creo tanto en los talentos innatos como en el esfuerzo, la dedicación y el entrenamiento constante. Aunque yo he nacido y me he criado en el circo, la gente que realmente quiere dedicarse a esto también tiene opciones para hacerlo. De hecho conozco a muchas personas que se han iniciado tarde, a los 28 o 30 años. Pero reconozco que en España es un poco más complicado. La clave está, sin duda, en la formación. Hay pocas escuelas y eso dificulta mucho el acceso a las personas que no están vinculadas familiarmente con el circo.

—¿Cómo se puede iniciar un profano?
—Si realmente alguien decide apostar por ello ha de viajar por Europa y dedicarle muchos recursos y esfuerzos. Además, la apuesta no siempre es segura. En este sentido, las escuelas son las que juegan el papel más importante,pero necesitan muchísimo apoyo de las administraciones, así como profesionales de todas las disciplinas. Es complejo.

—Usted ha crecido en el circo. ¿Cómo es la infancia inmerso en este mundo nómada y de artistas?
—Cuando eres un niño lo ves como un juego, aunque al final se convierte en un trabajo. Y con los años, te pagan por ello. Se han oído cosas sobre la explotación de niños que no son ciertas. Independientemente de lo que ocurra en las escuelas chinas o del este, en mi caso no ha sido nada traumático. Creces viendo a tu familia sobre el escenario. Siendo aplaudidos, y una vez que eso se te mete dentro no puedes vivir sin ello.

—En estos tiempos que corren, en los que la cultura parece que ha pasado a un segundo plano porque hay prioridades más acuciantes,¿Ha sentido el circo el azote de la crisis?
—Sí, todos lo notamos. Pero quizás en el circo lo que realmente se está produciendo es un cambio, una evolución.  A  pesar de lo s  recortes y de las pocas ayudas que está teniendo la cultura hoy en día, porque efectivamente hay otras prioridades, el circo está teniendo más ayudas que otras artes. Se ha logrado que cuando se habla cultura no se hable solo de música, teatro y danza. Ahora se habla de música, teatro, danza y circo. Es todo un logro, aunque vaya en último lugar.

—¿Qué momento vive el circo en la actualidad?
—Ahora, desde Europa nos está llegando un movimiento muy importante, está cobrando un gran atractivo, recuperando (de hecho) ese atractivo que siempre ha tenido. Está volviendo a ser reconocido, porque el atractivo lo ha tenido siempre. Lo que ocurre es que tradicionalmnte el circo ha sido muy independiente.  Y esto ha provocado que desde las administraciones locales no se haya buscado a los artistas del circo, siempre se ha optado por contratar otro tipo de espectáculos porque el circo era algo que venía y se iba por su propia cuenta. Ahora estamos luchando porque el circo sea un referente para aquellos ayuntamientos que quieren en un momento dado traer un espectáculo a la ciudad.

—En cualquier caso Albacete es una ciudad afín al circo, y este edificio en el que nos encontramos (el Teatro Circo) es buena prueba de ello. ¿Qué opinión le merece el escenario que le brinda esta ciudad,que además cumple ya 125 años?
—Lo bueno del Teatro Circo y su gran atractivo es que la mayoría de los circos estables de todo el mundo son como una gran carpa de piedra. El Teatro Circo, sin embargo, es un teatro que cuenta con una gran pista central. Todos los que han visto las fotos de este escenario se han quedado maravillados.

—Detrás de las luces y el brillo del espectáculo, también hay sombras. ¿Qué hay de verdad detrás de las denuncias de los ecologistas sobre el maltrato animal en los circos?
—Creo que es un tema que está muy politizado y eso no me gusta. En este país también nos ha pasado con los toros. Personalmente me centro más en el maltrato que pueda sufrir un niño o cualquier persona.  Pero en lo que respecta al maltrato animal, y  por  lo que me ha enseñado mi experiencia, solo puedo hablarte de los domadores con lo que he trabajado y tratan a los animales como si fueran personas. La Federación Europea de circo está constantemente ganando juicios cuando una ciudad trata de negarle la entrada a un circo. Para empezar, los espectáculos con animales son muy complicados, partiendo de la base de que solo su traslado ya es toda una hazaña. Tienes que enfrentarte a la burocracia y  la legislación de cada lugar que varía enormemente de unos sitios a otros, además es carísimo. Aquí hemos demostrado que si tienes un buen espectáculo sin animales, también le gusta.

—¿Cuál es hoy en día el mayor enemigo del circo?
—Hubo una época, hace unos años, en los que se aprovechaba el tirón televisivo de algunos personajes para atraer al niño y con él a los padres. Se ofrecía un espectáculo más infantil, que no se corresponde con la imagen verdadera del circo, en el que se trabajan muchas disciplinas. El niño disfruta, pero el espectador adulto es el que le da el verdadero valor tanto al payaso que es capaz de hacerle reír como al trapecista capaz de hacer ejercicios imposibles y números en los que realmente se juegan la vida.

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