La grave crisis que viene arrastrando el mercado de automoción está pasando factura a otro de los sectores que aparentemente podrían verse más beneficiados, y que no es otro que el de los desguaces o centros autorizados de tratamiento de vehículos fuera de uso (CAT).
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Y es que según explicaba a EL DIA Fernando García Arellano, presidente de la asociación que agrupa a los 36 establecimientos dedicados a esta actividad en Castilla-La Mancha, la entrada de automóviles en estos establecimientos ha caído de forma espectacular en los últimos dos años y únicamente las exportaciones de piezas a países como Marruecos, Nigeria o Libia están permitiendo cuadrar las cuentas a duras penas.
"El problema radica en que muchos centros, sobre todo los situados en localidades pequeñas, están al límite y sus posibilidades de supervivencia son prácticamente nulas", afirma.
Algo que no resulta extraño si se tiene en cuenta que sólo en el último año el número de vehículos dados de baja para su destrucción y tratamiento en los CAT ha descendido en casi un 38% y que de recibir una media de entre seis y ocho coches diarios se ha pasado a uno o dos, como mucho.
A esto hay que añadirle que por un coche prensado el desguace recibe ahora cerca de doscientos euros, lo que supone casi la mitad de lo que se pagaba hace dos años y una cifra muy por debajo de todos los gastos derivados de la descontaminación y de la gestión implicadas en las distintas fases del proceso.
Piezas de recambioEntre las principales reivindicaciones defendidas por la Asociación Regional de Desguaces se encuentra la de promocionar la valorización de los neumáticos usados, más que el incentivo a la compra, ya que el programa de ayudas llevado a cabo por el anterior Gobierno demostró ser un auténtico fracaso.
Una opción que, según matiza su presidente, no paliaría la díficil situación que atraviesa actualmente el sector, y que serviría para aumentar el compromiso medioambiental.
En este sentido, Arellano señala que la venta de piezas de recambio constituyen otras de las principales fuentes de ingresos paralelos para el sector, cuyo futuro pasa también por la aprobación de un plan renove o prever que permita incentivar la adquisición de vehículos, sin olvidar el papel de las entidades financieras.
“Está claro que si los bancos no dan dinero para comprar coches toda la cadena se resiente y el futuro es muy negro”, concluye.