Sábado, 4 septiembre 2010

Salvadores

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Blogs | Francisco Page 0 Comentarios

Los salvadores existen para cercenar el libre albedrío porque no quieren que te condenes. Los hay de diversos tipos: el furibundo que no concibe la heterodoxia y anatematiza al réprobo; el dominguero, que recibe la luz divina desde el sábado por la mañana hasta el domingo por la noche cuando se transmuta en profano; el coleguilla, que comprende la desviación pero no la comparte y se empeña en volverte bueno con palabritas de nata y chocolate y sonrisa mantecosa. Hay más, aunque ellos no tienen la culpa, fue el padre o yo qué sé quién les ató al cuello el nombre para los restos.
La crisis cría muchos, setas en el campo podrido de la economía decadente. Esto no es nuevo, sólo distinto, antes en nuestras plazas te quemaban de cuerpo presente o en efigie por un quítame allá esas pajas, y entre los musulmanes más reaccionarios aún se estila rebanarle el pescuezo al incrédulo delante del público que enfervorizado asiste al espectáculo. Hay quien dice que la religión ha nacido de la necesidad de explicarse el mundo, por el atávico miedo a la muerte y, sobre todo, como medio de justificar el poder temporal de coronados y mitrados (la discrepancia, en consecuencia, es muy peligrosa).
Stephen Hawking, el sabio inglés, ha abierto la caja de los truenos y ha transmitido al personal la idea más perniciosa que nunca se oyó, afirma que DIOS NO CREÓ EL UNIVERSO sino que fueron las leyes de la ciencia. Pronto llegarán de todo el planeta decenas de salvadores para condenarlo a las penas del infierno ardiente para siempre jamás.

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