
Suena muy bonito pero quisiera dejar claro que no se trata de la capacidad de trasegar Soberano, ya sea en su versión carajillera o en formato sol y sombra. No. Se trata de un concepto que toca un poco la fibra sensible del ser de un país o estado, cómo se rige y cómo se organiza.
El término sale a menudo a colación, sobre todo al hablar de ceder o no soberanía los Estados Miembros de la UE; desde su creación, los primeros debían ceder al adherirse un pedacito de margen para que las autoridades europeas se ocuparan de diversos asuntos, principalmente en lo que respecta al movimiento de personas y capitales.
En el caso de los estados que peor lo están pasando, entre los que nos encontramos, es un tema muy sensible y hay que abordarlo con mucha delicadeza por las consecuencias que puede tener. Y, si no, fíjense en Grecia, donde el partido neonazi Amanecer Dorado ha obtenido unos resultados históricos agitando el fantasma de la cesión de soberanía nacional a favor de los mercados y la UE. En menor medida, es algo que también ocurre en Francia con su Frente Nacional, que lleva años sucediendo en Hungría y también en Finlandia o en los Países Bajos, con partidos en el poder de corte claramente populista y, en casos, xenófobo y antieuropeo.
Pero, Spain is different. Aquí nuestros políticos pelean en el barro para que nos llueva EuroVegas como si fuera maná y en las negociaciones se habla de ceder un poquito más ante un caritativo y multimillonario empresario, por ejemplo, eliminando la prohibición de fumar en lugares públicos. Y mientras, claro, a recortar en sanidad. Dos y dos no siempre son cuatro.