
“Mira: tengo en mis manos un jarro de ternura”
(Félix Grande)
Desde ayer, ayer lunes, a media tarde, una vez más, un verano más, un julio más, pese a crisis, pese a recortes, pese a estrecheces económicas, la población conquense de Priego, loados sean los hados, ha vuelto a citarse con la poesía. Y es que desde ayer lunes su Centro Cultural acoge una nueva edición del curso de verano de la universidad regional, aquel curso que en su día, allá por el 2000, recién estrenado el siglo, echara a andar en ella promovido por uno – por más que ocasionalmente naciera en Madrid - de sus hijos más preclaros, el ya desaparecido pero siempre recordado escritor y pintor Diego Jesús Jiménez. Una convocatoria que este año, bajo el epígrafe de “Una vida en la palabra” –que buen lema, vive Dios - gira en torno a la obra de Félix Grande, emeritense de origen pero de infancia y juventud tomelloseras, uno de los nombres principales de la nómina lírica de la segunda mitad de la pasada centuria en nuestro país y sin duda uno de los autores con mayor peso en la renovación del decir poético en castellano a lo largo de los años sesenta. Sí, desde ayer – gracias Martín Muelas, gracias Juan José Lanz, gracias Ángel Luis Luján, gracias, ya, ¡ay! sólo en el recuerdo y en el corazón Juan José Brihuega, gracias, por supuesto, también ahí, donde estás, Diego Jesús –, desde ayer, repito por si no lo he dicho poco, y hasta mañana Priego, alzado mojón entre las alcarreñas y las serranas tierras, hasta ahí unas, a partir de aquí las otras, retozón a sus pies el Escabas, juguete el tiempo al aire de la memoria en la lisiada arquitectura del convento del Rosal, vuelve a amparar la palabra, la palabra poética, ese sueño empeñado en arrancarle a la nada lo indecible, esa palabra de la que el propio Félix Grande nos ha dicho que ha sido para él “maroma en la cintura cada vez que me hundo” y le ha valido, como a tantos otros, bendita sea, “para vivir”; la palabra, eco de ese eco de ecos que es, a su vez, la vida. Sí, desde ayer, desde ayer lunes a media tarde y aún hoy, y aún mañana, en Priego, desde Priego, el existir se nos vuelve, se nos ha vuelto – dejen que el columnista sueñe un poco - un algo mejor de lo que anteayer se nos mostraba.