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Lunes, 17 septiembre 2012
Editorial

Dos lecturas de una sorprendente retirada: la de Esperanza Aguirre

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| EL DÍA 0 Comentarios

ESPERANZA Aguirre deja la primera línea política, abandona sus cargos como diputada regional y presidenta de la Comunidad de Madrid, y pedirá su reingreso en el Ministerio, para acabar su ciclo como Técnico Superior de Información y Turismo.

Nadie lo esperaba, y de hecho, cuando se recibió en las redacciones la convocatoria de rueda de prensa en la Presidencia de la Comundad de Madrid, se especulaba con que “la lideresa” anunciaría una nueva remodelación de su Gobierno, pero nunca se pensó en su marcha.

Esperanza Aguirre dejará huella en la Comunidad de Madrid, y en la política española. De militancia liberal en la transición, sus posicionamientos claros le han llevado a ser situada en el ala más conservadora del Partido Popular, especialmente por su antagonismo histórico con Ruiz Gallardón, más amigo de una política de conciliación y concesiones al adversario.
Aún así, atesora numerosos golpes de efecto que permiten poner en duda esa ubicación, mas no la dureza de su carácter como líder político que ejerce con autoridad y “casticismo” el poder.

Toda vez que no admite la salud como razón para abandonar de repente el cargo,  solo hay dos lecturas posibles a la hora de interpretar esta sorprendente decisión.

Agotadas las vías de crecimiento, atadas de pies y manos las Comunidades Autónomas, y convencida de que no ha de renovar candidatura, entiende que es el momento de pasar el testigo a quien haya de afrontar los próximos comicios al frente del partido en Madrid, asumiendo como estéril el seguir restando tiempo a su familia y a su vida privada.

O bien, expuesta  a seguir sosteniendo con su acción polític aa un Gobierno con cuyas decisiones cada vez es más crítica, asume un movimiento táctico que la desvincula de Rajoy durante estos tres años, o los que resten de legislatura, para acceder al liderazgo como solución ante el desastre, y no como candidata perenne.

En cualquier caso, y en vista de que no ha ofrecido una explicación profunda, el baile de análisis, rumores, interpretaciones está servido, y con ello, otra fuente de erosión para el Gobierno de Rajoy desde el interior del partido. Génova puede dejar de ser una balsa.
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