
Más allá de las consecuencias visibles, los incendios forestales traen consigo un fuerte impacto ecológico para el entorno medioambiental.
Lamentablemente, cada verano nuestro país sufre incendios forestales que, más allá de las consecuencias visibles sobre el terreno, traen consigo un impacto ecológico muy importante. La destrucción de la biodiversidad, el aumento de la desertificación o la contaminación de las aguas y la atmósfera son algunos de los primeros y más graves efectos. A esto hay que sumar el largo tiempo de recuperación de los bosques que han resultado dañados. Una recuperación que puede prolongarse durante largas décadas.
Humo y llamas. Una llamada avisa al Servicio de Emergencias del 112 y se activan todas las alertas. El fuego no ha tardado en propagarse y el tiempo es oro. Bomberos, retenes y agentes medioambientales unen sus esfuerzos para extinguir las llamas cuanto antes. Son conscientes de la importancia de sofocar un fuego a tiempo. A tiempo de salvar el mayor número de especies de animales y plantas posible. De hecho, los ecosistemas quedan tremendamente afectados y las especies de la zona deben encontrar otro hábitat nuevo para poder vivir, algo complicado ya que el manto vegetal desaparece casi por completo.
¿Qué ocurre en el suelo? El suelo después del incendio queda casi estéril debido a la mineralización de la materia orgánica y limita la recolonización de las plantas autóctonas. Por ello, se suele decir que las pérdidas económicas de un incendio no son fácilmente calculables, ya que la naturaleza y la vida de los animales no tiene precio. La fauna con menor movilidad es la que sufre el mayor daño, mientras que el resto trata de sobrevivir huyendo del lugar afectado por el incendio y buscando un nuevo hábitat natural. Sin embargo, no es tan sencillo como parece, ya que las especies que logran escapar se asientan en otras zonas alteran el equilibrio de su nuevo hogar.
Este 2010 es el año de la biodiversidad que, como vimos en un reportaje anterior, constituye la amplia variedad de seres vivos que existen sobre la Tierra. Y precisamente la biodiversidad se ve duramente dañada después de un incendio forestal, ya que sufre grandes cambios en su estructura y en su composición. Los seres vivos ven peligrar su reserva genética viable y su supervivencia a largo plazo.
Daños en el suelo y en el agua
Pero el impacto medioambiental de los incendios forestales no se limita a la biodiversidad. El suelo y el agua son dos caras de la misma moneda, por lo que un incendio afecta a ambos de forma relacionada. Las zonas mediterráneas destruidas por el fuego son víctimas de un fenómeno conocido como "sabanización". La tierra queda casi estéril y limita la recolonización de las plantas autóctonas. El suelo se vuelve más impermeable e impide la penetración del agua en su interior. La actividad bacteriana y de los hongos, trascendentales en los procesos biológicos del suelo, se ve también muy afectada. La sucesión de nuevos fuegos y lluvias torrenciales incrementa la erosión y la pérdida del suelo fértil.
Además, cabe destacar que los incendios forestales generan contaminación de diversas formas. Durante los primeros momentos después del fuego, la mineralización de la materia orgánica vegetal provoca una efímera fertilidad del suelo. Pero la gran mayoría de estos nutrientes son muy volátiles y pasan a la atmósfera o quedan disueltos en corrientes de agua. Como efecto derivado de la combustión de las masas forestales, diversas partículas y gases, incluidos los de tipo invernadero, como el dióxido de carbono (CO2), acaban también en la atmósfera.
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