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Sábado, 2 febrero 2013

Nuestros queridos montes de utilidad pública

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OPINIÓN | Ángel Roldán Martínez. Decano Autonómico del Colegio de Ingenieros de Montes en C-LM 0 Comentarios
[Img #91944]En numerosas ocasiones escuchamos de nuestros dirigentes frases como “tenemos un patrimonio natural envidiable que tenemos la obligación de conservar”, o bien, “conservaremos nuestra naturaleza para que las generaciones venideras puedan disfrutar de lo que hoy nosotros tenemos”. Y así debe ser, pero hay que tener claro cuál es “nuestra” verdadera naturaleza y “nuestro” patrimonio natural para poder defenderla de otros intereses.    
    Pese a que muchas veces se ha escuchado que “el monte es de todos”, todo terreno tiene un propietario. Los propietarios o titulares de los Montes de Utilidad Pública (MUP) son administraciones y entes públicos, pero los bienes y servicios que producen ocasionan beneficios a toda la sociedad. Estos montes se incluyen en el Catálogo de Montes de Utilidad Pública con origen en el año 1859 y son los montes que fueron exceptuados de las desamortizaciones. El resto de los montes que no fueron incluidos en el Catálogo se vendieron y se arrasaron de manera inmediata para que el propietario recuperase el coste de su compra. De esta forma, los vecinos perdieron la parte de renta que les proporcionaba sus montes y fue el comienzo de las graves tensiones sociales que surgieron entre todos los afectados.
    Estos MUP que hoy conservamos, no se pusieron en venta porque se pudo demostrar que tenían algún valor que aconsejase no deshacerse de ellos, como la protección contra riadas, la recarga de acuíferos, la conservación de suelos o la producción de bienes (leñas, maderas, frutos, etc). Con el paso de los años, la conservación de la biodiversidad, el paisaje, el recreo, la producción de oxígeno, la fijación de CO2 son otros valores que hemos ido apreciando de nuestro patrimonio.
    Desde aquellos desafortunados días hasta hoy, en Castilla- La Mancha, el número de montes de utilidad pública y su superficie forestal ha ido incrementándose anualmente gracias al esfuerzo de la Administración Forestal, ocupando en estos momentos algo más de 800.000 hectáreas. Hoy día es competencia de los gobiernos autonómicos la gestión de los montes incluidos en el Catálogo ubicados en sus autonomías. Nuestros montes, están adscritos por la Ley de Montes nacional y regional a unos servicios públicos que todos disfrutamos; y que desde una propiedad privada no se producirían al ser normalmente intangibles. Estos aspectos claves de nuestros montes, que no se valoran de forma directa, pero que siempre echamos de menos cuando se producen las grandes catástrofes naturales. Es por ello por lo que se  definen por ley como inalienables e inembargables, por lo que mientras desarrollen el servicio público por el que fueron declarados, su uso principal es el de forestal y protector y por ello no pueden venderse, ni embargarse.
    Ya en el siglo XXI nadie nos debe confundir sobre la necesidad de mantener y mejorar nuestros MUP. El actual escenario económico podría estar animando a las mentes más inquietas a plantear la venta de nuestro patrimonio forestal. Un patrimonio de vida y disfrute  de todos. Unos recursos gracias a los cuales el desarrollo rural siempre ha sido posible: el aprovechamiento de las leñas, de la madera, de la resina, del carbón o de los pastos han sido claves en el desarrollo rural de nuestros pueblos. A los aprovechamientos tradicionales se están sumando otros que generan ingresos importantes para sus vecinos: la biomasa forestal es fuente de energía renovable mediante el uso de leñas y la fabricación de pellets; la fijación del CO2 atmosférico mitiga el cambio climático y genera cuota de mercado entre los productores; los bancos de hábitats crean diversidad e ingresos económicos; las rentas de la actividad de la caza y la pesca son muy importantes; o el uso público de los montes en actividades de turismo genera ingresos para hoteles, casas rurales o restaurantes, entre otros. Son muchos los pueblos de Castilla- La Mancha que llevan largo tiempo utilizando, de diferentes formas, estos terrenos públicos.
    Si existe interés privado por estos terrenos de utilidad pública, será que ofrecen además rentabilidad económica. Por este motivo, sus organismos públicos propietarios, deben buscar la vía para obtener ingresos económicos manteniendo el resto de servicios que aportan a la sociedad pero manteniendo su propiedad, que es la herencia que nos dejaron hace más de 150 años y que tenemos la obligación de dejar a los que nos sucedan.
    Nuestra región, ampliamente rural, con una clara tendencia a la despoblación, con gran dispersión de los núcleos urbanos de pequeño tamaño, necesita la más amplia gama de recursos que satisfagan las necesidades de los que allí viven. Desde hace bastantes años se invierten decenas de millones de euros a través del desarrollo rural. No sería ni consecuente, ni justo, ni ético, el privar a las poblaciones rurales de las oportunidades de trabajo que el monte genera y por otra parte seguir invirtiendo en desarrollo rural, cuando en realidad la venta de los montes causaría el efecto contrario.
    Si la venta se produjera y dejáramos sin recursos a los vecinos de estos pueblos ¿esa sería la verdadera política de desarrollo rural que practicamos con los fondos comunitarios?, ¿invertir durante años fondos europeos para malvender estos bosques?; sin rentas, ¿es ese el desarrollo sostenible del que vamos a presumir?; con esta situación ¿cuántos fondos comunitarios podríamos perder y cuanto más paro supondría?; sin recursos en el interior o con ellos llenos de puertas y alambreras ¿qué turismo ofreceremos?, ¿de qué presumiremos?.
    Preguntas interesantes del siglo XIX, que no son propias de una sociedad moderna y que invitan a luchar y exigir inversión en nuestros montes, patrimonio natural, fuente de riqueza que todos disfrutamos y yacimiento de empleo para muchos.
Les invito a defender a nuestros montes de utilidad pública, a que pregunten cuál de ellos es el más cercano a su pueblo, a su lugar de vacaciones o al pueblo de sus padres, porque seguro que en ellos se esconden cientos de historias que contar, historias que son de todos.
    Para que podamos seguir contando muchas historias más.
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