El buen nivel del pantano de Entrepeñas y el aumento de temperaturas atrae en masa a los bañistas. Los propios turistas, los empresarios y el Ayuntamiento esperan que no se trate de un espejismo.
Entrepeñas ha vuelto a parecerse al Mar de Castilla. Este mes de mayo, como antaño, el mirador al embalse ha desplegado el inconfundible paisaje de un paraíso para domingueros: sombrillas, bañistas, familias con perro y sin perro, embarcaciones en marcha y muchos vehículos salpicando la arena, además de grupos que aborrotaban los restaurantes y terrazas para el almuerzo o el vermú... Como en los mejores y viejos tiempos.
El agua ha obrado el milagro. La ecuación no puede ser más simple: más agua en los pantanos, más actividad turística. Los propietarios de los negocios incluso se atreven a ser optimistas: “Tenemos buenas perspectivas”; “estamos teniendo mucha actividad y ha habido que contratar a dos camareros, que podrían ser más en verano”... Sacedón afronta, al fin, una temporada alta de turismo como no la había desde hace más de diez años. ¿Es que ya no hay trasvases?
En realidad, las enormes tuberías siguen derivando agua hacia Levante. Pero este invierno ha sido tan generoso en lluvias y nieves que ha permitido que Entrepeñas se aproxime al 70% de su capacidad máxima. Se nota en el paisaje, que invita a la contemplación y al chapuzón; y se nota, una vez más, en la afluencia de bañistas, que en el último puente por el Día de la Región recuperó las estampas de los años sesenta y setenta, cuando Sacedón fue la capital costera del mar que jamás había tenido Castilla.
“Está el embalse como no se veía desde hacía veinte años”, calcula Juan, un briocense sentado en la orilla. “Hace cuarenta años que no se veía así. Por entonces, llegaba el agua hasta el pie de los restaurantes”, exagera Manuel Cabrerizo, rodeado de toda la familia mientras señala tierra adentro, a más de cien metros. Este año, sin llegar a las estampas idílicas del pasado, todos se conforman con lo que hay.
Más agua, mas negocio
“Llevamos varios fines de semana trabajando mucho: cuando hay agua, hay trabajo”, confirma Angélica, camarera en el Restaurante Hermanos Pacheco, que ha tenido que contratar a más personal. No es para menos. “Esto parecía el sábado Peñíscola”, asegura Manuel, guadalajareño que aprovechó el puente para acudir con la familia a Entrepeñas. Como él, muchos que recreaban un panorama repleto de “coches, sombrillas y bañistas. Y barcas. Cuando se mueven las barcas quiere decir que aquí se está haciendo negocio”.
Lo confirma Luis Blasco, responsable del camping: “Miras a la orilla y ves: sombrilla-coche, sombrilla-coche, sombrilla... Tenemos unas perspectivas muy buenas para este verano. Para este fin de semana que es puente en Madrid [el actual, del Corpus] tenemos todo reservado en tiendas y bungalows”. Las crecidas en Entrepeñas son, para él, garantías de negocio. “Deberían dejarnos algo estable en el embalse, no las plagas de mosquitos y los barrizales de otros años”.
“Esto va por ciclos”, asegura el sacedonense José Miguel, que pasea con su hermana Mayte por la orilla. “Yo he visto el embalse como ahora cuando tuve cuatro años, cuando cumplí quince, luego en el año 98 y ahora. Son ciclos más o menos de doce años”, calcula. No sólo se basa en su propia experiencia, ya que lo tiene confirmado con las estadísticas de la Confederación Hidrográfica del Tajo. En Sacedón repasan los niveles de los embalses como en Galicia el parte meteorológico.
El debate de fondo
Nadie niega agua a Murcia, pero todos puntualizan muy bien los destinos. “Aquí somos muy solidarios y no tenemos problema de que haya trasvases para cultivos, si se controlan, pero no para campos de golf. ¡Eso es un engaño!”, protesta Mayte, de Sacedón, que además se queja, como su hermano José Miguel, de que “se va el agua y no viene el dinero” de las compensaciones. No puede ser, apuntan, que haya un pantano en Sacedón y que algunos veranos algunos pueblos como Chillarón se vean obligados a acudir al abastecimiento a la población con camiones cisterna, mientras siguen a pleno rendimiento el acueducto Tajo-Segura.
“El dilema es si el agua que se trasvasa es para uso doméstico, riego o campos de golf”, dice Mercedes, que apunta que “aquí hace falta agua para regadíos”. Tiene claro que, con tanto trasvase, “se hundió el pueblo”. Ahora intentan sacarlo a flote. Mayte eleva una propuesta: “Que den tiempo, ahora que el pantano está bien: que no hagan trasvases en verano para que se recupere con las lluvias del próximo invierno y así habrá algo estable y también se podrá trasvasar”.
El subidón del invierno
Este invierno ha sido prodigioso para la recuperación de unas reservas muy mermadas en la cabecera del Tajo. El año pasado cerró con apenas 380 hectómetros cúbicos entre Buendía y Entrepeñas. Hoy por hoy las reservas se sitúan en 1.176 hectómetros cúbicos, el triple de agua a pesar de las derivaciones por el acueducto Tajo-Segura. En el caso de Entrepeñas, se sitúa en torno al 60% de su capacidad máxima, con 835 hectómetros cúbicos. La última semana de febrero y la primera de marzo lograron el mayor pico en las aportaciones a los embalses, con 116 hectómetros cúbicos más en los dos embalses de la cabecera en sólo quince días. Desde inicios de enero no ha habido ninguna semana en que las aportaciones no hayan sido positivas.
El alcalde espera que no sea 'efímero'
Entre la reivindicación y la resignación y entre la alegría y la desconfianza, el alcalde de Sacedón confirma que Entrepeñas ha vivido “un mes de mayo muy, muy, muy bueno”, con afluencias masivas de turistas los fines de semana y los puentes de San Isidro y el Día de Castilla-La Mancha. “Es una satisfacción para nosotros poder bajar y pasear junto al pantano, aunque esperamos que no sea una alegría efímera”.
No es la primera vez que el pantano está en una situación similar, incluso mejor –como en el verano de 1998–, pero también el alcalde desconfía de que el agua se marche por el desague del trasvase. “Es ahora, en los momentos en que hay agua, cuando hay que abrir el debate. El agua es de todos, no es patrimonio de nadie, pero hay que asegurar el desarrollo allí donde está”. De ahí su invitación a reabrir el debate de un Plan Hidrológico Nacional que orqueste el aprovechamiento de los excedentes, pero también de configurar un Plan de la Cuenca del Tajo que incluya la reivindicación de la lámina estable. Tras la frustración del Estatuto, “no tengo por qué ser optimista”, juzga, aunque sí promete ser “reivindicativo”.
El alcalde espera que el balance que se pueda derivar a raíz del actual nivel de Entrepeñas “sirva de ejemplo para darse cuenta de que con una lámina estable hay mucha más actividad en los pueblos ribereños”.
La supervivencia tiene un límite
Los pueblos ribereños vienen insistiendo desde hace tiempo en concentrar todas sus demandas en una reivindicación clara: la existencia de una lámina estable de agua del 40% en Entrepeñas, por debajo de la cual no se permitirían los trasvases. De haberse aplicado esta cláusula en las dos últimas décadas, sólo en seis años Sacedón habría ingresado en junio con unas reservas hídricas que hubieran permitido afrontar la llegada de los primeros turistas de forma combinada con el envío de recursos al Segura. Según las propias estadísticas de la Confederación Hidrográfica del Tajo, sólo en junio de 1997, 1998, 1999, 2000, 2001 y 2008 habría habido más de los 334 hectómetros cúbicos que marcan el umbral del 40%.
De algún modo, el equilibrio entre una lámina estable que permita el turismo en la zona y las derivaciones forman parte del debate central en torno a la problemática de este embalse. En esta doble dimensión está la visión de Entrepeñas como panacea o como lastre del desarrollo comarcal. Por una parte, su existencia permitió que floreciese en la orilla de esta faraónica obra hiadráulica una industria turística que tiene su razón de ser en la enorme balsa de agua. Pero, por otro lado, el propio destino como almacenamiento de agua impide que, a pesar de las lluvias y nieves, el embalse siempre tenga el aspecto deseable.
La batalla del 40% se ha dado por perdida en la negociación del Estatuto de Castilla-La Mancha, donde primero se habló de caducidad del trasvase y más tarde de una reserva hídrica que indirectamente afectaba a los niveles de la cabecera del Tajo. Ahora, los pueblos ribereños confían en que sus reivindicaciones se vean reflejadas en el debate del Plan de la Cuenca del Tajo, para el que hace ya más de un año que se presentaron alegaciones y que a finales de 2009 tenía que haber estado listo. Las tensiones en torno a la reforma del Estatuto hacen pensar también que habrá más retrasos en el Plan de la Cuenca del Tajo.
![]() |
|||||||||
Instala Flash Player para poder ver el reproductor de video
|
|||||||||