
En Estados Unidos, miles de conservadores americanos han organizado un gran movimiento político contra la subida de impuestos, el intervencionismo del Estado y, sobre todo, las ayudas a una banca privada que, lejos de abaratar el crédito y acudir al rescate de las empresas, engorda los bolsillos de sus directivos con bonos millonarios.
En España, en un año duro de crisis, el Estado ha agotado su liquidez y sus reservas en subvencionar a los parados, que siguen creciendo en número, en salvar a los bancos que son, nadie lo olvide, entidades privadas, y en ir subvencionando a un montón de sectores y actividades afectados, especialmente, por la rescisión del crédito. Los bancos han seguido ganando dinero -basta ver el reportaje que publicamos-, y aún así, siguen limitando y encareciendo los créditos, anunciando despidos y jubilaciones anticipadas, dejando que miles de pequeñas empresas echen el cierre sin pestañear, y encima pidiendo más dinero a la Unión Europea y engordando las cuentas corrientes de sus directivos.
Como esto es una cadena, los sectores que dependen del crédito a los consumidores: automóviles, construcción, energía y derivados, terminan solicitando fondos que ayuden a pasar el bache ocasionado por los créditos que los bancos, que siguen ganando mucho dinero, no dan. Para dar estas ayudas, los estados se endeudan aún más, y pagamos los de siempre: los pequeños empresarios y los trabajadores con nómina.
Y aún así, son empresas con medios para adaptarse a la crisis: si te baja la venta de coches, cierras cadenas de montaje; si baja la clientela, cierras plantas de hotel... bajan los costes de producción, y capean el temporal para resurgir con más fuerza. Aún así, piden subvenciones, y el estado se encarga de la mano de obra excedentaria.
Los medios de comunicación somos un sector vital para la democracia, en eso todo el mundo parece estar de acuerdo. Pero es más: somos unos de los sectores que más empleo ha creado en estos últimos 25 años en regiones como la nuestra. En momentos de crisis, cuando cae el mercado publicitario, no podemos ajustar mucho nuestros costes de producción. Los tenemos que incrementar aún si cabe. Porque los huecos que deja la publicidad deben ser rellenados por redactores; porque aunque tiremos menos ejemplares, debemos mantener el número de páginas, y eso supone el mismo esfuerzo de personal, la misma maquinaria, las mismas rutas de distribución... y como dije en mi último artículo, somos un sector sin subvenciones de ningún tipo. Es algo además, que parece pecado plantear.
Al frente de EL DÍA, he capeado en estos 26 años varias crisis. Lo hemos hecho entre todos, con esfuerzo, con responsabilidad. Y de todas las crisis hemos salido con más ganas. Siempre hemos reinvertido los beneficios en mejoras técnicas, en nuevos medios, en crecer, sencillamente. Pero jamás he oído que la prensa pueda o deba recibir algún tipo de subvención.
Y eso es porque a los políticos españoles les preocupa y mucho la existencia de la prensa libre. No les gusta. O cambian mucho las cosas, o la crisis va a reducir aún más el número de periódicos en toda España, mientras los partidos calculan que es mejor controlar a tres o cuatro grandes grupos, aunque ello suponga enviar a miles de personas al paro.
Y si no se buscan medidas de ayuda, el futuro será aún más negro para el sector. Aquellos que hoy critican a los medios, los echarán de menos en el futuro. Echarán de menos el elogio y la crítica; la atención a las pequeñas cosas y a la información local. Y verán cómo emigra en masa a las grandes ciudades toda una generación de profesionales.
No pedimos ayudas, como la banca, para llenar los bolsillos de nuestros directivos, ni para acumular dinero en cuentas con las que salvar los balances de cara a los accionistas. Simplemente estamos a favor de la libre competencia y para ello lo más importante es que haya leyes que persigan a todos aquellos que, cobrando el subsidio de desempleo, tengan a su cargo en internet páginas web de información local con publicidad, llegando incluso a reescribir las noticias que aparecen en el resto de medios de comunicación, convirtiéndose todo ello de esta forma en una competencia desleal en el sector que está haciendo mucho daño a la profesión periodística. No hay que olvidar que somos un sector necesario, sin margen de flexibilidad ante una crisis tan profunda como la que sufrimos.
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