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Domingo, 11 agosto 2013
Colaboración de Fermín Gassol

Agua Templada

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Opinión - General | Fermín Gassol Peco 0 Comentarios
Esta reflexión tiene un prólogo aproximativo, (es también lo que pretende ser este artículo): la referencia a la gran “movida” que tuvo lugar una año más en el
Recinto Ferial el pasado día 30 de julio. Una multitudinaria concentración-fiesta en la que miles de jóvenes, muy jóvenes, (para algunos veinte años ya son muchos), se reúnen para celebrar lo que nadie, ni siquiera ellos mismos, saben; quizá festejar que siguen vivos. Es la respuesta espontánea a un “silbido”, a una llamada en la que se rinde culto al vino… como fluido elemento de ¿comunicación?, diversión y bacanal al aire libre.

Alguien denunciaba y no es el único la preocupante ausencia de la mayoría de estos jóvenes en actos reivindicativos que procuran una sociedad mejor. Yo también lo firmo y lo rubrico. ¡Falta nervio! Dicho esto, entro en materia.

Siempre que me encuentro con algunos conocidos de la infancia, que a base de
sacrificio, esfuerzo y tesón, (en sus casas no andaban sobrados de recursos), fueron aventajados estudiantes de Bachillerato y luego excelentes profesionales tras pasar por la Universidad, no puedo por más que retrotraerme a esos años y llegar a esta conclusión: existe hoy una generación que yo llamo del agua templada. Explícate, dirán ustedes y naturalmente que voy a hacerlo.

Soy padre de tres hijos, de edades comprendidas entre los veinte y veintisiete años, para mí los mejores del mundo, claro, y en una conversación mantenida con ellos hace algún tiempo, me salió esta aseveración: Vuestras generaciones no han tenido la ocasión de conocer lo que es el “agua fría de la vida” para poder apreciar lo que supone el placer de su “agua templada” porque nacisteis en ella y no conocéis otra. ¿Qué culpa tenemos nosotros? Me dijeron. Por supuesto que
ninguna, contesté rotundo.

Si algo ha caracterizado a los años precedentes (creo que su filosofía subyacente continua vigente a pesar de la crisis), ha sido la identificación del desarrollo con la consecución de un exclusivo estado de sobre-bienestar material. El eje en torno al que se movía la sociedad desde no hace más de veinte años era poder disfrutar de abundancia de bienes y su frenético consumo. Podríamos decir que era una sociedad en la que sobraba de todo y no faltaba de nada. Nada que fueran bienes de consumo. Pues bien, en estos años y en estas condiciones han crecido unas generaciones que nacieron con todas esas necesidades cubiertas; nacieron en el agua templada.

La ideología que subyace después de observar el comportamiento en buena parte de los jóvenes y ante todo en las cómodas posturas de muchos padres que vuelan complacientes a satisfacer todas las demandas, deseos y caprichos de sus hijos es esa que dice: Bastantes dificultades y privaciones hemos pasado nosotros. Esta es la “humana”, emotiva y cuestionable justificación.

La ley del péndulo también se cumple en este caso. El desarrollo social ha
propiciado un justo avance, rompiendo una estructura a la que más tarde me
referiré; sin embargo como sucede muy a menudo, en ese afán de cubrir las
carencias…hemos dejado al descubierto otras hasta ahora desconocidas por
inusuales, pero a la postre necesarias para el futuro.
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