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Cartas de los lectores

enviado por Martín Martínez Martínez
21 de noviembre de 2016
Sr. Director...
De los refugiados se habla mucho. Se habla de su sufrimiento. Especialmente del sufrimiento de los niños. Y se habla tanto porque parece que las experiencias negativas dejan huellas biológicas. Huellas que pueden heredar los hijos. Huellas que están en la base de muchos trastornos mentales.
Los entornos relacionados con la guerra y en general, los entornos inestables, imprevisibles y violentos, pueden constituir el punto de partida de la enfermedad. Hay especialistas que hablan de huellas, de traumas, de heridas psicológicas, que luego se transmiten de generación en generación, pues, ocasionan cambios estructurales. La Investigadora Lorna Smith, dice cosas muy interesantes, que me cuesta entender, lo reconozco.
Esta investigadora dice lo siguiente: "De pequeños copiamos de los padres, o de los que mandan, los mensajes que nos proporcionan sobre la seguridad y la amenaza. Y luego, quizás, reproducimos las cosas copiadas. Si el padre era violento, tú también lo serás. Si el padre permitió que robaras, seguirás haciéndolo. Si te decía que eras valiente, tú seguirás teniendo este concepto de ti mismo". Lo que decimos hablando de los padres, lo podemos decir también, de los otros adultos importantes del entorno. Y además, debemos pensar que hay mensajes que favorecen la adaptación posterior. Y mensajes y experiencias que no la favorecen, y ponen en marcha conductas inadaptadas y enfermas.
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