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Cartas de los lectores

enviado por rafamcalvo
2 de septiembre de 2017
Sobre Mastines en la Sierra Norte de Guadalajara
El día 31 de agosto de 2017 se publicó, en la sección de Guadalajara, el artículo "Un lobo ataca a una decena de ovejas en Majaelrayo".
Atendiendo al contenido de esta noticia no termina de quedar claro si el eje central del artículo es el relato de los daños causados por el supuesto ataque de lobos a unas ovejas, o si, a tenor de las declaraciones de Alberto Chamorro, trata sobre la denuncia del caprichoso comportamiento de algunos turistas, que visitan la Sierra Norte de Guadalajara sólo para molestar y quejarse de los ladridos de los mastines.
Por supuesto lamento las daños sufridos por el rebaño que se relatan en la noticia y nada tengo en contra de los mastines, ni de ningún otro animal, aunque no comprendo que haya que permitirles apropiarse del espacio público y que cualquier otro uso deba supeditarse a tan desaprensivo interés bajo el simplista argumento, implícito en las declaraciones, de que "los culpables son siempre los demás".
En mi condición de visitante asiduo de la zona debo ser, supongo, uno de esos molestos turistas que se citan y en la de afectado por la agresión de los perros del señor Chamorro debo ser, supongo también, uno de esos imbéciles que se quejan de sus ladridos y no entienden que "los mastines están haciendo su trabajo, proteger el ganado, sin más".
He de aclarar que entiendo perfectamente que los perros hacen su trabajo y actúan conforme a lo que se les ha enseñado, o quizá según lo que han aprendido por sí mismos ante la evidente falta de tutela.
Me gustaría recalcar que, tal como dice Alberto Chamorro, lo hacen "SIN MÁS", es decir, sólos y sin ningún tipo de control ni supervisión.
Alberto Chamorro tiene un rebaño de alrededor de 600 cabras y ovejas. Estos animales salen a pastar cada día absolutamente solos, sin ningún pastor ni persona que les vigile o guíe, subdivididas en varios grupos y acompañadas únicamente por algunos mastines. En su recorrido, las ovejas y cabras con los mastines circulan por diferentes tramos de varios caminos en las inmediaciones de Majaelrayo, Campillo de Ranas y Robleluengo, lugares donde para nada hay lobos pero sí personas realizando actividades diversas: caminar, correr, senderismo, ciclismo, paseos,... Y esto es así cada día, de cada semana, de cada mes del año. ¿Se imaginan la cantidad de encuentros fortuitos que pueden producirse?
Pues bien, si cualquier persona tiene la mala suerte de cruzarse con alguna de las múltiples partes de ese rebaño correrá serio riesgo de resultar agredida por los perros. Y si alguna de estas personas pasea además acompañada de su perro, el resultado para la mascota puede ser nefasto e irreparable. Ejemplos no faltan y se puede dar detalle de episodios sufridos por vecinos de la zona, turistas y mascotas.
He caminado por diferentes lugares y territorios y en ocasiones he coincidido con rebaños de ovejas y cabras, incluso alguna vez he visto animales protegidos por mastines, siempre en zonas valladas o muy apartadas de caminos y zonas de paso. Es en esta zona de Guadalajara en el único lugar en el que me he encontrado con que estos animales van solos y acompañados por perros que, en su instinto de defender al rebaño, ante la falta de un pastor que les dirija, no dudarán en agredir a cualquier persona que se ponga a su alcance.
Finalmente el artículo recoge la afirmación de Alberto Chamorro de que ha acordado una solución a este problema con la Junta de Castilla-La Mancha: se va a colocar cartelería para advertir de la presencia de estos perros.
Confío en que la intervención de la Junta será más transversal y tendrá en cuenta todos los intereses que podrían resultar afectados, por ejemplo los del turismo rural sin ir más lejos. ¿O pensamos que a un turista que haya sufrido un encuentro con estos animales le quedarán muchas ganas de volver y comentará su experiencia sin citar ese episodio?
Porque si la intervención de las autoridades se limita a colocar carteles mostrando un aviso que diga algo así como "peligro, perros sueltos protegiendo al ganado de los lobos" se podría estar agravando el problema.
En tal caso la solución no serían carteles: o se pone remedio a la circulación incontrolada y sin supervisión de estos animales, o se cierra a la circulación de personas el Camino Real entre Majaelrayo y Campillo de Ranas, incluyendo parte del camino hacia el Ocejón, así como el camino entre Majaelrayo y Robleluengo, retirando la señalización y eliminando estos recorridos de las guías de senderismo publicadas por la Diputación de Guadalajara.
¿No resulta incongruente? ¿No sería más sensato exigir que las autoridades, cada una en su nivel de responsabilidad y competencias, intervengan y garanticen una solución en la que todos los intereses, empezando por garantizar la integridad física de los ciudadanos, sean tenidos en cuenta?
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