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Lunes, 20 junio 2016

Cercanos al corazón de Cristo

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Así  quiere vernos la Iglesia, como viviendo asomados al alba. Cada amanecer anuncia que la noche ha pasado, llegará la claridad  del  día, la plenitud del cristianismo. Vivir el amanecer en la soledad y silencio del campo, cuando unos animales  se ocultan tras comer de noche, mientras otros buscan el día. Así  nos ocurre a los humanos: unos vuelven a la oscuridad del mundo y sus enredos, y otros gozan con la claridad del día y sus posibilidades y acercamiento a Dios. Pero los humanos  no somos unos  inocentes, arrastramos el desorden del pecado, a pesar del bienestar y del orgullo científico con sus ambigüedades. Los cristianos somos Iglesia y en camino hacia una plenitud, pero se  necesita a Dios. Sufrimos extravíos en las  búsquedas  con éxitos  y  fracasos. San Pablo es quien  experimentó su cambio  radical  en  la  conversión, y escribe “Para mi la vida es Cristo y una ganancia  es  morir” Y una antífona  del Oficio de este día dice: “Venid, adoremos al Corazón  de Jesús, herido  por  amor  nuestro” El hecho  fue  providencial  y cargado  de misterio sabiendo lo que corazón humano significa biológica, afectiva  y espiritualmente. Se dice en el himno: “Por la lanza  en su costado / brotó  el río  de  esperanza / Para  lavar  la bajeza / en que  nos  dejó  el  pecado” - El Padre  nos  da  la vida / El Espíritu  el  amor / y Jesucristo  el  Señor / nos  da  la  gracia  perdida”

 

En  la historia  de  la  humanidad   hubo  luces  en busca de  convergencia, Ya en el Mediterráneo Grecia y Roma  lo intentaron con relativa facilidad, desde  el cultivo  de  la razón y la libertad, hasta llegar a la redención del hombre y al Dios desconocido del que  les habló S Pablo; y buscando la esencia de  las cosas, la legitimidad  del Estado y la existencia  de una civilización, con el pensamiento y la singularidad  de la persona, se encuentran luego con  la ley de Israel, la esperanza  y  llegada  de  un Mesías  redentor que venía a dar plenitud  de sentido a la búsqueda del  conocimiento y la belleza de las ciudades griegas, de  la república y del imperio  romano. Así  la cultura  grecolatina pudo ser  cauce  para realizar  algo nuevo. Fue cuando en la plenitud  de  los  tiempos nace Cristo, precedido de una estrella que luego se apaga, pero trae la libertad, la unidad  moral, con la  ley del amor  a Dios y al hombre. “Vino a los suyos  y no lo recibieron” – preferían las  tinieblas a  la luz – Y en su muerte  se unieron todas  nuestras  maldades y pecados. Pero el Padre  lo volvió a la vida y resucitado, pronto  llegaría al hombre  el Espíritu  con la promesa  de la verdad  plena. Su corazón abierto se convirtió  en fuente  de vida. El mundo necesita contemplar la victoria  de  Dios. Cristo significa  la llegada a un “Reino de verdad y de vida, de santidad  y gracia, de  justicia, de  amor  y de paz”

 

 La historia de Cristo es la nuestra, entre ignorancias, indiferencias, rechazos y hostilidad. Aunque el Espíritu se derrama por el mundo, al corazón humano lo endurece el mal. No basta con defender que cada  uno la  propia fe como hacemos con la cartera. Es nota de sensatez  tratar de implantar pacíficamente en la sociedad, la defensa  de la dignidad y libertad del hombre, de la vida y de la propiedad, con su correspondiente  función  social  y atención  al bien  común. Y además  hacer  frente al relativismo, a la injusticia, al odio y a la mentira. Así en España habrá esperanza de amanecer para trabajar con sentido temporal y trascendente. La encíclica “Haurietis aguas” considera esta devoción como la más completa profesión cristiana. Desde el s XII con S, Bernardo, y  S. Juan de Avila s,XVI fue luego incluida en la Liturgias en el s XVIII, y en el s.XIX León XIII consagró el mundo al Corazón de Jesús. La consagración  de España por Alfonso XIII fue el 1919 en el Cerro de los Ángeles. Naciones, ciudades y pueblos lo han hecho también. “El apostolado  de  la oración  es  una de  sus  prácticas”

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