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Miércoles, 10 agosto 2016

Una de moscas

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BLOGS | Francisco Page 0 Comentarios

En el campo, ya se sabe: sol y moscas, muchas moscas. La culpa la tienen las gallinas; el corral es un criadero. A unos quince metros, me suelo sentar a leer y a ver crecer la hierba. Inopinadamente el porche se llena de bichos que revolotean cansinos a mi alrededor; los más osados se me posan en los brazos produciéndome unas cosquillas insoportables. Para intentar resolver el problema me he comprado un artefacto que parece una raqueta de tenis; las electrocuta. Cada diez minutos, dejo lo que esté haciendo, me levanto y me dispongo a emular a Rafa Nadal propinándoles golpes a diestro y siniestro; como he adquirido una gran habilidad, caen como moscas al suelo presas de una agitación inquietante y ahí, aparentemente, mueren. Digo aparentemente porque al cabo de diez minutos el espacio se llena de nuevo con esos insectos repelentes; deduzco, entonces, que han resucitado. Es ahí donde de nuevo, el libro bien cerrado, comienza el espectáculo de verme perseguirlas con una ambición que para sí quisiera el Payo Iglesias.

 

Como temía que mi actitud fuera indicio de una desordenada inclinación hacia la violencia, he puesto la radio. En cada frecuencia la misma monserga sobre el Rajoy, que si tal que si Pascual. A hacer puñetas el receptor que ha estallado contra el cemento con un ruido como de caparazón de cucaracha. Cómo salir del bucle en el que los moscardones me habían metido. En un papel he dibujado una especie de cajón, solo las aristas, lleno de puntos negros; luego a un señor, servidor, de aviesas intenciones rodeado de manchas de café a modo de montoncitos de cadáveres de moscas, por supuesto. Fuera de las rayas que conformaban el cubo, un millar de puntitos esperaban para ocupar el espacio vacío.  Amable lector, te habrás dado cuenta de que no creo en la resurrección de las moscas y que todo lo dicho en el primer párrafo no es más que literatura.

 

Si has llegado hasta aquí te preguntarás a qué viene todo este rollo. Yo también, en realidad quería hablar del PSOE, pero me encantan las digresiones entomológicas, y las fábulas.  La moraleja vendría a ser que el mayor partido de la izquierda reflexione con lo que va a hacer dentro del cubo que ha construido la derecha no vaya a ser que se electrocute y los que se han quedado afuera ocupen su lugar, porque ahí, callados, están esperando.

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