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Martes, 6 septiembre 2016

Saber dialogar es una virtud

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BLOGS | Vicente Langreo Sábado, 27 agosto 2016 22:24 | 0 Comentarios

 Dialogar viene  diálogo que es comunicar a través de la palabra logos, opuesta a monólogo. En el Diccionario de Lengua Española “es plática entre persona, discusión  o trato en busca de avenencia” No hay diálogo  si no intervienen todos los participantes, y es tan importante  el hablar  como  escuchar y llegar a un acuerdo, por ello es racional e intersubjetivo. Se ha usado como  dialéctica, enseñanza y aprendizaje. Un buen dialogo sirve para esclarecer ideas y afectos, compartir la vida, reconocerse  intelectualmente y buscar la verdad. En nuestro  tiempo  presupone recocer  la dignidad de las personas y la aceptación de unos valores: la libertad, la igualdad, la solidaridad, el respeto, etc. El Otro que nos interpela y es una experiencia de encuentro con posibilidad  de  acogida  y entrega  de mi mismo  como persona. Nuestra  identidad  se transforma  a trasvés  del  diálogo y se aumenta  la  intersubjetividad  y construye en la relación  mutua. El diálogo  como  virtud  personal, es ejercer  de persona y por ello  la educación  para dialogar es  realizarse  de modo interpersonal,  con escucha, respeto y habilidad  social.

 


“Escuchar es la primera virtud  del diálogo” y su mayor  riesgo es fallar en ello.  

 


 Es deficiencia extendida mayor que el desacierto es  el decir lo que  pensamos. Hay que  saber decir y aprender. Una buena  escucha  determinará  el acierto de nuestras palabras.  La escucha  debe ser  sincera, basada  en el deseo de compromiso en  el  encuentro la vida mutua. No es  solamente búsqueda  la  verdad. Es buscar  el  acuerdo  desde la empatía, el punto de vista  del otro,  la situación,  motivaciones y preocupación  por  el  prójimo. Luego el respetar  las opiniones  y  creencias; el otro puede  tener  razón y ha que tener en cuenta la dignidad  del otro a pesar de la discrepancia. Se trata de un  encuentro  con la persona, acoger  y  donarse  al mismo  tiempo. En tercer  lugar  el diálogo exige Unas destrezas sociales: moderar la aversión, dominar la comunicación como  saber comenzar y  terminar. Se comunica  también con los gestos, no solo de palabra, con aspectos y contexto adecuados. Con personas  diferentes  de naciones, religión y cultura. Las diferencias dan  miedo, se pide manejar  las comunicaciones  de un modo abierto, integrador, sin  discursos  manipuladores.
     El  diálogo  no es solamente  interpersonal, sino  colectivo frente al debate en la esfera  pública., correspondiente  a las dimensiones sociales  y políticas de las naciones y de las sociedades democráticas a la hora de construirse. Hay una democracia deliberativa, dando relevancia al razonamiento libre y  público  entre  iguales, y también democracia  representativa  que es participación de los ciudadanos, limitada al ejercicio periódico del derecho al voto. Pero la calidad de una democracia no se  mide por el número votos  de la mayoría, sino por el proceso  de deliberación correcta. Eso pide una información, la existencia  de una cultura y unas virtudes cívicas para que el éxito del  poder  materialice las  iniciativas que respondan  a las  demandas. En las sociedades  la ética y la política  del  diálogo han de ir unidas a una ética y política  de  la memoria. Si debatir busaca confrontar diferencias, dialogar busca entendimiento, paz  y la concordia.

 


    Ejerzamos  la  virtud  del  diálogo. La socialización  de valores  no se consigue argumentando racionalmente. Los valores  se interiorizan a lo largo de la vida; es en las primeras  etapas donde recibimos esos valores que terminamos asumiendo libremente  como  formas  valiosas  de  vivir. Por eso  hay que testimoniar  privada  y públicamente  la posibilidad  de un diálogo, que atienda a los  problemas  reales y globales de la sociedad. La estridencia, la descalificación y la manipulación  no lo posibilitan. Priman las relaciones de poder  en el trabajo, la escuela y la familia. El diálogo posible  es el mejor camino  para  encauzarnos hacia  el  bien  común, y para nosotros  mismos como  ciudadanos.

 

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