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Domingo, 11 septiembre 2016

La Diada o el derecho de un pueblo

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BLOGS | Emilio Arnao 1 Comentario

 

A mí me espanta que la gente española se espante ante la fiesta nacional de Cataluña. Todo pueblo tiene derecho a sus reivindicaciones y a sus costumbres o a pisar su tierra aunque sea con el calcáneo. La Diada conmemora la caída de Barcelona en manos de tropas borbónicas al mando del duque de Berwick durante la Guerra de Sucesión Española el 11 de septiembre de 1714, tras 14 meses de asedio. De este modo se depuraron las instituciones catalanas tras la promulgación de los Decretos de Nueva Planta en 1716. ¿Por qué no memorizar cada 11 de septiembre aquel retroceso y aquella anulación de la piel y la saliva de los catalanes? Tras Primo de Rivera y Paquillo Franco, en 1980 se retomó dicho Día Nacional de Cataluña. Ahora bien, y es aquí a donde yo quiero llegar:

 

Se da el caso que en estos últimos años, tras la tramuntana del sobernismo catalán, la Diada se ha entartado no una celebración de la historia sino en el chillido del presente, el cual está triturado por unas razones políticas que demandan la independencia de la comunidad autónoma catalana. Siempre se ha dicho que este caldillo de arroz y fritanga viene por lo que Cataluña da en parné al resto de España más de lo que recibe. Eso es absolutamente cierto. ¿Por qué negarlo? De modo y manera que es la política y el varón de la democracia los que tienen que equilibrar esta Hacienda Pública. No obstante, Catalunya tiene casi todas las transferencias políticas asimiladas en su Estatut. Pero la diferencia y una historia de reinos y condes y Aragón y el Rosellón y los Capetos y el siglo X y la Sublemación de 1640 y el cuadro de H. Miralles “La guerra de los segadores” y el Conde Duque de Olivares y la Reinaxença y el federalismo y Valentí Almirall y la Semana Trágica y la Mancomunidad, más las dos tiranías del XX ya citadas, han cocido una respuesta de Cataluña frente al Estado español que ahora lleva el horrible nombre de “Desconexión”, como si Catalunya fuese una aspiradora o un secador de pelo.

 

Yo, personalmente, no creo que Catalunya deba independizarse de España, pero también entiendo que el pueblo catalán solicite un referéndum por calibrar cual es la temperatura elegíaca o triunfal de sus conciudadanos. Todo esto se arregla desde el diálogo, nunca desde el enfrentamiento y los gritos al himno español. El caso catalán sólo tiene una solución política que queramos o no algún día tendremos que afrontar con altura de miras. Yo daría ese plebiscito por una cuestión de posdemocracia, a sabiendas que la mayoría de catalanes no quiere formar un Estado propio, como se lee en cuanto uno se pasea por Las Ramblas o se va a Cadaqués a ver el Museo de Salvador Dalí.

 

Por tanto no temamos el conflicto de las esteladas y veamos más una cuestión que nos ha traído la historia como forma de negociar una salida que a todos contente. ¿Cuál es esa salida? Hoy, 11 de septiembre -tiempo en que escribo este artículo- y viendo las calles cómo están, no soy capaz de encontrarla. Pero los de la CUP están deseando que la plaza de Catalunya se llene de tanques. Y es que es muy jodido el tema. Ya sólo se ven las calaveras de los teatros. Todo parece nombrado como en el baile del candil. Es mejor que suene Beethoven.

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1 Comentario
pepe
Fecha: Domingo, 11 septiembre 2016 a las 11:55
Cuenca ha perdido todo,desde antes de 1714, y los guachos no dicen res.¿por qué? porque no se nos ha enseñado el odio en las escuelas.

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