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Martes, 13 septiembre 2016

La Patria y yo

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BLOGS | Francisco Page 0 Comentarios

Puedo identificar a mi jefe, conozco a casi todos mis vecinos, pero no sé quién es España. No soy capaz de ponerle cara. Algún demagogo dirá que España es la suma de todos los españoles. No sé qué es ser español; el listo Calisto me responderá que español es el que ha nacido en España. No todos los españoles han nacido en España y no todos los que han nacido en España son españoles.

 

Entonces quién es pues España. No es una persona, luego habría que reformular la pregunta. Sin embargo, de pequeño aprendí que era la madre Patria; luego, alguien que sabía latín me dijo que la patria era la tierra del padre; mi padre, que en Gloria esté, heredó menos de 80 m2 de cereal de secano de los que a mí me corresponden 26. Ergo tengo una patria ínfima, no más grande que el cuarto de baño de Rodrigo Rato. En mi patria solo cabe un sofá, cocina americana y mesa para dos. ¡Ah, y la tele!

 

El diccionario, desde antaño, para dotar al vocablo de más brillo lo define como el lugar donde se ha nacido. Luego, los románticos llenaron la palabra con valores afectivos, de pertenencia: la Patria es un lugar al que nos sentimos ligados. Un peñista castizo diría que esa ligazón la hemos mamado. Curioso, de ser así debía de haberse llamado «Matria».

 

Llego hasta aquí «in albis». Estrabón, le compara la forma con la de un cuero de buey extendido. No dice toro, dice buey. Lo de toro vino después, en el siglo XIX quizá para identificar al territorio con la fiereza, la belleza y el pundonor del bicho al que zaherimos con fruición. Quizá hoy habría que descuartizar al toro de Osborne y exhibir su pellejo en los carteles. ¿Esto es España? Claro que no pero no tengo respuesta; en todo caso cambiaré el quién por un qué.

 

Si no sé qué es España, ¿cómo puedo averiguar cuál es el interés del que hablan algunos? Ya he dicho que tengo poca patria (el 0,00000000051%); en consecuencia, los Botín, Ibarra, Carceller o Lladó tienen más pues poseen mogollón de tierras y bien regadas con líquido corriente de Bruselas. Grito, me rindo. Llego a la conclusión de que soy apenas una gota de polvo en un montón de cuartos; nada.

 

No, hombre, dice Calisto, te afecta el interés de la Patria. Tú no lo entiendes, pero por cosa de la macroeconomía si todo va bien, a ti te irá bien, por eso Sánchez debe apoyar al Rajoy y que empiece ya, puñetas, que el capital se va, los ricos se cabrean y el personal se mea…, de miedo.

 

Venga, tío, no me jodas, digo mientras oigo cómo se enfada el viento en esta mañana de septiembre.

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