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Domingo, 25 septiembre 2016

Entre contradicciones y búsquedas

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BLOGS | Vicente Langreo 0 Comentarios

Así es la existencia humana  Los instintos y gustos son las primeras experiencias inconscientes. Luego se comienza a distinguir y discernir el bien del mal, la verdad y la mentira,  la realidad de las cosas, el amor y el odio. El proceso educativo se inicia en la familia, en la escuela y en la sociedad, y progresivamente la persona es inducida por  un clima de amor, por la cultura del entorno, llegan los deseos de trabajar y surgen las preguntas sobre el sentido de la vida que ofrecen las creencias. Y si faltan o distorsionan estas referencias se produce un deseo de búsqueda, frente a vaciedad y el sin sentido. Pero descubrimos que en el mundo hay bienes materiales y espirituales, verdades que son  evidentes, experimentales  y científicas, creencias y valores morales  necesarios que requiere el soporte de las virtudes, habilidades o fuerzas que hacen buenas las obras de sus  poseedores. Las virtudes cualifican y diferencian a las  personas. La prudencia, justicia, fortaleza y la templanza, son virtudes procedentes de la herencia cultural greco-latina y la fe, la esperanza y el amor, pueden virtudes  humanas, o teologales cuando son referidas a Dios, a quien creemos, esperamos y amamos.  Estas referencias culturales y religiosas, son a la vez  las luces para las  virtudes y los valores  morales, que deben orientar a las conciencias humanas  libres, para edificar sólidamente la personalidad.

 


    Pero por encima y contra las virtudes y los bienes espirituales y morales, hoy se sitúan el bienestar, el tener y poder satisfacer los instintos con rienda suelta a la libertad  sin verdad, que resulta degradación y esclavitud. Se olvida o se prescinde de Dios Verdad y Bien, suplantado por lo económico, por los bienes efímeros y la mentira. Hoy se traga todo en política salvo tocar el “dios-dinero” rival del verdadero Dios.. Soberbia, avaricia, lujuria, violencia, junto con envidia y la mentira, desafían a las democracias moralmente desarmadas y debilitan las naciones. A los mayores avances científicos  y tecnológicos hay que afrontarlos  con la verdad auténtica y con sólidos valores  morales.

 


    En la vida que es la maestra y la primera universidad, se suscitan las vocaciones,  actividades y profesiones circunstanciadas. En la unión hombre- mujer para  satisfacer  instintos y sumar  esfuerzos e intereses, para convivir y cuidar a los hijos – centrarlo todo en el bienestar económico temporal, olvidando los bienes espirituales y sin valores morales - es edificar sobre arena. Hay cuatro aspiraciones comunes y  condicionantes: el amor de acogida, la cultura del entorno, el trabajo necesario y alguna creencia religiosa que da sentido. Y frente a ellas surgen el mal y la mentira: la falta de amor, el odio, la mentira, la violencia y la falta de trabajo a  causa de la tecnología – centrando todo en la tecnología, al servicio de bienes  materiales y con descuido los espirituales y morales – necesarios para la inteligencia y la conciencia de  las personas - para  contribuir al bien común de la sociedad y  encontrar esperanza  de  salvación trascendente.  Necesitamos creer en la libertad con sus límites y posibilidades, frente a los espejismos y desastres que ofrecen las  comunicaciones que incitan al mal frívolamente.

 


            Corresponde a esta sociedad desarrollada materialmente, aprender a saber sacar de los males bienes, que manifiesta el poder y la sabiduría de Dios, a condición de abrirnos a las virtudes teologales.“Todo es posible al que cree, el cristiano es un hombre que espera y reduce a penúltimas todas. El amor lo puede todo” La misericordia de Dios es infinita. Es posible la renovación cristiana de esta sociedad, Gracias al testimonio de Cristo Resucitado y a sus seguidores, sabemos que hemos sido redimidos, que su muerte fue nuestro precio y que la Iglesia, su una comunidad mediadora suscita y cultiva la búsqueda  de  Dios, como sacramento que significa y comunica  su presencia salvadora. Hace 160 años el Papa Pío IX consagró el mundo  al Corazón de Jesús. Nuestras búsquedas son posibles y llenas de esperanza  y  alegría.

 

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