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Sábado, 1 octubre 2016

Cambios en la sociedad y en la iglesia

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BLOGS | Vicente Langreo Sábado, 24 septiembre 2016 18:35 | 0 Comentarios

Han existido muchos unidos a las reformas. Toda la sociedad y la vida están sometidas a desgastes y a necesidad de afrontar cambios, por exigencias del tiempo y de las circunstancias. La Historia de la Iglesia en Europa y de las naciones más influyentes como España, Italia, Francia, Inglaterra y Alemania, con sus idiomas y aportaciones específicas, han experimentado cambios y reformas laboriosas, porque la salvación y sentido de la vida y la búsqueda del bien común temporal, necesitan una vinculación ética trascendente, armonizándose  con  la religión que es como el alma y  la argamasa de la cultura europea, con el pensamiento, con la ley grecolatinos y la fe cristiana. Es mucho lo que Europa debe al cristianismo y también a la inversa. En la globalización y multiculturalismo no hay alternativa como religiosa; la ciencia y la tecnología no lo son. Roma aceptó el cristianismo en el s,IV El a.589  cuando el III Concilio de Toledo se estableció la primera unión de Iglesia y Estado, colaborando y pero sin confusión. Cuando cayó el Imperio romano occidental, Constantinopla  se declaró la II Roma, y Moscú  se consideró la III Roma después del a.1453. Ya antes de esta fecha, por el Cisma de la Iglesia oriental, se separó  Constantinopla de Roma el a. 1054  y antes en el Cisma Occidental el a.1383 hubo hasta tres papas, aunque la Iglesia europea permaneció unida. En el primer milenio de Europa, San. Benito fue reformador y después la reforma gregoriana y los cluniacenses, los franciscanos y dominicos, y santos Cirilo y Metodio en Europa oriental. Hay además dos Santas medievales laicas, como madres espirituales de Europa: santa Brígida de Suecia, modelo de autoridad  mariológica y santa Catalina de Siena, promotora de la esponsalidad  con  Cristo; después mártir del s XX Ediht Teresa Benedicta de la Cruz. Las tres son hoy copatronas  de  Europa.

 


La Iglesia reformable siempre como realidad viva, debe hacerlo en  personas,   instituciones y estructuras. Pero existen verdaderas  y falsas reformas desde la fidelidad: a Cristo, a  la Iglesia y al hombre con su dignidad y derechos, y atendiendo a los signos de los tiempos, buscando el bien  en la verdad y poniéndose al máximo en línea  del bien. La libertad desde la verdad y la paz - tranquilidad en el orden querido por Dios, según la ley natural, con las  enseñanzas  del  Evangelio y de la Iglesia - es aspiración  que tiene  riesgos, dada la fragilidad y la realidad del pecado y las pasiones humanas. Este año se cumplen 500 años de la reforma de Lucero, religioso que experimentó  sus debilidades y pecados y sin buscar el perdón y la misericordia de Dios, afirmó que Cristo ya pagó por todos y lo que tenemos que  hacer  es creer y confiar en Él. Había ciertamente necesidad de reformar la Iglesia, y proclamó  sus 95 tesis afirmando  desde un pesimismo humano la necesidad de leer e interpretar la Biblia directamente, sin el magisterio del Papa y de la Iglesia, sin el sacerdocio  y sin los sacramentos, solo con el bautismo, pero sin las imposibles buenas obras. Con ello se acentuaba la libertad con  pesimismo procedente del pecado. Así el hombre quedaba  desarmado para  discernir el orden moral; la conciencia es la voz subjetiva del alma, como las pasiones lo son del cuerpo. Y como la autoridad  es necesaria, hay que buscar otro origen. No se hace  en  la metafisica,  ni en la autoridad  de la Iglesia, sino sometidos al libe examen y al poderío de la autoridad  temporal. Por este camino entran el escepticismo, el relativismo, el despotismo, el nihilismo y el libertinaje El hombre así queda sin referencia sometido a poderes políticos y económicos, temporales y mediáticos. Y la Iglesia es sometida al Estado o negada. En Trento y el Vaticano II están las respuestas correctas.

 


 Iglesia y Estado coexisten para servir al hombre, dando  al César y a Dios lo que les corresponde, dentro de un bien común temporal y espiritual y a un conocimiento de salvación, complementarios, con autonomía y colaboración, respetando la dignidad de la persona humana abierta a la trascendencia. 

 

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