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Domingo, 25 septiembre 2016

Sobre la libertad

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BLOGS | eldiadigital.es 2 Comentarios

Cuando llegamos a una bifurcación del camino, la Tina siempre se va a la derecha; ignoro los motivos porque no se los he preguntado nunca. Pero antes, se sienta, me mira mientras mueve ligeramente el rabo y cuando estoy a punto de llegar corre, lo que me obliga a seguirla. No sé si lo sabes, pero prefiero la izquierda porque ahí nacen las flores más olorosas; grandes, fragantes y coloridas. Pero no, la perreta corre que se las pela como si a la derecha hubiera algo digno de ser alcanzado. Los otros perros (el Memo , el Kiba y el Bosi) retozan por todas partes, oliendo lo que sea que huelen los perros en una dehesa.

 

O sea, que la chiquitota es la que toma las decisiones. Si pudiera hablar seguro que nos lo explicaría, pero ya sabes que los dioses no concedieron el don de la palabra a los perros, solo los dotaron de un ladrido insoportable para perturbar el sueño de los hombres. Cuando llevamos andado un buen trecho, se sienta, quizá cansada, y nos espera. Al comprobar la causa, blasfemo contra su madre —de ella— a la que llamo perra y otras delicadezas; tengo una tendencia natural a ello. El camino estaba cortado por zarzas pinchosas.

 

De regreso a la encrucijada, los grandones toman la delantera. Son un poco flojos y no gustan de aventuras. No siguieron hacia el lugar donde se fabrican los sueños, los muy desventurados regresaron a casa. Mi gozo en un pozo. En pleno retroceso, me encontré con un viejo de esos viejos que llevan garrota y andan despacio; un hombre de unos ochenta años, carcomido por la edad y la intemperie, un hombre libre me dijo. Hablamos de la Virgen, incluso me recitó una simpática poesía que revelaba las virtudes de su imagen sobre las otras Vírgenes de los pueblos aledaños. Durante un buen trecho, seguimos en silencio, mucho, mucho rato; recuerda que el hombre renqueaba. Para romper el hielo le conté como me sentía por haber seguido a la Tina. El hombre paró de repente y me dijo: «La libertad, Sancho —me llamo Sancho— es uno de los más preciosos dones…». Sí, ya veo que ha leído usted el Quijote. «Cuatro capítulos, pero no es esa la sustancia de lo que le quiero decir: la libertad hay que ejercerla cada día también para que sirva de ejemplo a quienes gustan de ir tras el pastor; y, por supuesto, para que nadie se la encuentre tirada y se la quede».

 

Cuando le cuento la anécdota a la Mari, la perreta me mira y se ríe; te lo juro, se ríe.

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2 Comentarios
Luz
Fecha: Domingo, 25 septiembre 2016 a las 20:36
La libertad hay que ejercerla cada día, por disfrutarla, por ejercerla y por enserñala. El mejor ejemplo de un auténtico maestro.
Nyala
Fecha: Domingo, 25 septiembre 2016 a las 18:48
Muy buen artículo Paco

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