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Viernes, 7 octubre 2016

Ventajas e inconvenientes del hombre casi eterno

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BLOGS | Fermín Gassol Peco 0 Comentarios

 De vez en cuando los periódicos sacan a la luz trabajos de científicos relacionados con procurar una mayor estancia de los humanos en este mundo. Hace unos días una agencia de noticias comentaba una realmente acojonante, decía que modificando el comportamiento de dos o tres genes, la vida de los hombres podría prolongarse hasta los quinientos años, parecido a la edad de alguna almeja y algún cetáceo, aunque es algo que suena más a vida ficción que otra cosa, si bien es verdad, lo que parece seguro es que dentro de nada podremos alcanzar sin mayor problema el siglo y cuarto de existencia.

 

En cualquiera de los casos, impresionante y sugestiva la noticia en principio. No porque tengamos que prepararnos de manera inmediata para tan larga estancia. Nosotros evidentemente no vamos a saber si esta hipótesis de trabajo va a lograr convertirse en realidad. Hemos llegado tarde una vez más al pasado y demasiado pronto al futuro. Supongo, ignorante, este logro de la modificación genética sería posible en los primeros momentos de la fecundación; no parece que de mayores queden más soluciones que la cretina “crema antiedad”, maquillaje de una realidad que  empieza a molestarnos, bueno está.

 

            Pero después de recibir con optimismo altruista la noticia de poder tener una vida temporal más larga, viene la  duda gratuita, ¿En qué estado llegarán los vetustos seres a esas edades tan altas y venerables? Vivos desde luego, que es lo importante, porque para morirse hace falta sólo un momento. Coleando ya no creo. Vivir tres siglos al ritmo que va esto, debe ser algo grandioso. Y costoso “de narices” para el Ministerio del ramo. Bueno, tampoco sería mucho problema porque habría muchos más cotizantes. Eso sí, una de las modificaciones más urgentes y necesarias tendría que ser posponer la edad de jubilación a los doscientos cincuenta años por lo menos, con la condición de haber estado dado de alta en torno a unos ciento ochenta. Lo que si resultaría muy atractivo es el tiempo para ser jóvenes. Eso de estar “chupando de los padres” hasta los sesenta años, es un invento que lo firma cualquiera.

 

            Otra ventaja de vivir tanto es que aprenderíamos muchas más cosas o pasaríamos muchos más años delante del ordenador o invento posterior, chateando con los amigos que estén viviendo en otros planetas. Es lo bueno de vivir tanto tiempo, supongo, que tienes  muchas más ocasiones para perderlo. Pero lo más bonito de esta hipótesis es que coexistiríamos  tranquilamente ocho o nueve generaciones lo que daría a las celebraciones familiares caracteres de grandes eventos de continuas y simpáticas reuniones.

 

 Lo que no me gusta nada de vivir tanto tiempo es la cantidad de años que habría que estar trabajando; más de siglo y medio para al final, morir también. No me gusta la idea,  las cosas hay que hacerlas a su tiempo. Hasta la muerte tiene que ser a su debido tiempo. De momento estamos vivos, no se cómo, pero vivos, eso al menos es lo que nos dicen. Yo me toco muy a menudo por si acaso. Con lo que está cayendo en el planeta todos los días, ¿Quién aguantaría aquí doscientos y pico años más?  Yo no creo. Bueno, nunca se sabe…La verdad, no estoy seguro…y el Fondo de Pensiones seguro que menos todavía.

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