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Sábado, 22 octubre 2016

Las obsesiones de Armando

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BLOGS | Fermín Gassol Peco 0 Comentarios

El Armando al que me quiero referir no es el protagonista de una película de los setenta interpretada por ese gigante del celuloide que ha sido D. Alfredo Landa. Las obsesiones de otros muchos Armandos tienen hoy susparticulares vertientes y se encuentran vigentes en múltiples escenarios de nuestra sociedad. 

 


La obsesión en sicología se define como aquella idea recurrente que de manera persistente asalta la mente. Si esta idea produce fijación, puede llegar a producir alteraciones anímicas lo cual es ya más grave porque estaríamos pisando terrenos de siquiatría. En cualquier caso es una experiencia negativa y dolorosa para el siquismo porque somete la totalidad de las capacidades de una persona a la machacona esclavitud de una parte de ella. Desde la obsesión por el aspecto físico a las fijaciones de carácter político o religioso pasando por las de carácter deportivo que suelen ser más livianas  aunque a veces más duraderas en el tiempo.  

 


Las obsesiones por el aspecto físico suelen tener su aspecto más leve en ese permanente culto al cuerpo, en esa vigilancia hacia la estética a la que hoy damos tan elevado valor. Vienen después las graduaciones en estas “esclavitudes consentidas y promocionadas” a las que dedicamos mucho tiempo y dinero para conformar un físico agradable, atlético y armonioso.Hasta aquí podemos decir que se tratan de obsesiones no nocivas. La cosa se complica y mucho cuando “el coco” deja de mandar en todo esto y empezamos a ver en el espejo del cerebro figuras  que no son reales.  

 


Las obsesiones políticas tan peligrosas y letales en el pasado, se han convertido hoy en obsesiones más civilizadas, más “de salón” que de otra cosa, lo cual es de agradecer. Son aquellas que hacen referencia, por ejemplo, a la fijación que pueda tener el gobernante a la hora de mostrar la incapacidad para gobernar, cargando las culpas de su falta de acierto sobre el contrincante político, su padre, su abuelo o el mismo General Espartero. 

 


Como en el caso anterior, estas obsesiones tienen también sus grados. Las hay que corresponden a obsesiones calculadas, interesadas y sobre todo conscientes pero también las hay que son fruto de fobias incontroladas e irracionales. Sin embargo tanto en las obsesiones físicas como en las políticas lo que subyace es un gran problema de inseguridad personal. 

 


Y dejo para el final las obsesiones deportivas por aquello de quitar hierro. Estas obsesiones tienen en general carácter expansivo y no suelen afectar al siquismo. Van desde las que pueden poseer los entrenadores y defensas durante dos o tres noches pensando cómo demonios van a poder parar  a  los Messi o Cristiano hasta los que, cuando juegan en Europa los dos equipos antitéticos de España por antonomasia, prefieren que ganen los Inter y Cia. La única ventaja de estas obsesiones es que duran mientras vive el que las goza o padece, según se mire, si bien es verdad tienen la virtud de ser una muestra de fidelidad a unos colores; servidor que es un fiel seguidor de Osasuna aún no ha tenido ocasión esta temporada de saber en qué consisten.

 

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