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Sábado, 29 octubre 2016

Pulcritud excesiva

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Quizás el invento más práctico para la higiene del hombre moderno haya sido la ducha. Método rápido para limpiar el cuerpo y además ahorrador de agua. Atrás quedaron los “baños semanales” en patios o cuartos grandes y fríos con aquellas bañeras familiares llenas con el mismo agua. Hoy la higiene corporal ya es algo de utilidad y utilización pública. La higiene interior, la del pensamiento cada uno sabrá donde, cuando y como la utiliza, aunque mucho me temo que al no verse la descuidemos algo más, craso error porque al abrir la voz de la palabra, siempre acaba oliendo a rosas o a vino amargo.

Paso de gigantes hemos dado también en la otra higiene bucal, sobre todo la dental. Negocio lucrativo pero con resultados visiblemente agradecidos. Las empalizadas de antaño se han convertido en ordenada y armónica fila de blancos molares, incisivos o caninos. Una vez más la estética como primer valor en esta civilización y su importancia en el cuidado de las formas.

He conocido a personas obsesionadas con esto de la limpieza, conocí a uno que cada vez que nos daba la mano se limpiaba con alcohol, no ofendía porque todos sabíamos que eran las cosas de…uno que ya murió.

Reconocimiento ha de haber para esas afanosas mujeres que han tenido la casa como una “patena” limpiando constantemente con tanto ahínco que bien se pudiera comer o mirarse la cara en el suelo. Pero me ha llamado la atención el caso de una de estas limpiadoras integrales; una mujer que un buen día comenzó a asear su cuerpo y poquito a poco lo dejó inmaculado, siguió después con la higiene bucal, frota que te frota y acabó tragándose el cepillo.

Nadie se lo explicó en su día, ella dijo que tampoco, pero servidor lo supone; limpia que te limpia quiso limpiar cada vez más adentro, campanilla y amígdalas; luego dijo ¿porqué no el esófago? y los demás órganos al ver tan cerca el instrumento decidieron sumarse a “la limpieza general”. Desde luego que ya puede presumir de ser la mujer corporalmente más pulcra por dentro y fuera. Purgas modernas de ahora mismo. Nuevas modas.

Sin embargo en estos sistemas de limpieza general uno echa de menos la limpieza interior del órgano más importante para el ordenamiento de nuestras vidas y las relaciones sociales, políticas o morales; es la limpieza interior del cerebro; la exterior es ya “obra de arte y ensayo” en escuelas de alta peluquería; me refiero a la posibilidad de que algún día alguien invente una diminuta cremallera alrededor de la cabeza para abrirla y con un cepillo muy fino y delicado poder quitar el polvo de nuestro cerebro. Menuda revolución para el pensamiento. Menuda patente.  Menudo negocio. El mundo empezaría a estar más limpio de verdad cada mañana.

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