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Lunes, 31 octubre 2016

No puedo vivir sin ti

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BLOGS | Fermín Gassol Peco 0 Comentarios

Podría ser este el título de una canción dedicada a los teléfonos móviles, a esos prácticos y ya inevitables aparatos que nos permiten estar conectados de manera permanente con todo el mundo. Todo empezó siendo un práctico invento para no dar pasos en balde y hoy se ha convertido en marcapasos habitual de nuestros días y nuestras noches. Mucha gente ya no puede vivir ni dormir sin ellos. Antes se decía de quien hablaba mucho que “hablaba por los codos” pues bien, hoy se diría que “hablaba por los móviles”.

 

Lo del teléfono móvil merece un verdadero estudio sicológico y cultural. Estamos en la calle y hay que hablar, entramos en el banco y hay que hablar, nos vamos de paseo y hay que hablar, estamos en el bar con los amigos y hay que hablar; y lo más peligroso de todo, entramos en el coche y…hay que seguir hablando; todos sabemos que existe una ley al respecto para cada cosa pero ya sabemos que las leyes existen para saltárselas a la torera como en el caso de conducir conversando sin utilizar el “manos libres”. Un verdadero icono. Mi coche, mi móvil y yo. Renunciar a cualquiera de los dos es como renunciar a la esencia de uno mismo.

 

De vez en cuando la Dirección General de Tráfico pone en marcha una campaña de concienciación del peligro que supone ir conduciendo con una mano puesta en la oreja escuchando o diciendo lo que por lo visto no podemos  oír o decir luego. Vaya por delante que esto de hablar con el móvil sin utilizar el “manos libres” mientras conducimos se ha convertido en un auténtico cachondeo, generalizado cachondeo, no exagero y para muestra un botón pero una muestra muy tipo.

 

Habitualmente me cruzo en la carretera con un todo terreno de última generación; el conductor, un joven empresario, no hay vez que lo vea que no vaya conduciendo con la mano pegada a la oreja y créanme que no se la va rascando. Un coche de unos sesenta mil de euros que es el precio en el mercado del modelo que conduce, es de suponer que tendrá incorporado el  “diente azul”, en inglés “bluetooth” y si no lo tiene, sesenta o cien euros tienen la culpa. No incorporarlo y usarlo carece de toda lógica en un coche que cuesta esa cantidad de dinero. O a lo peor no, quizá sea pedir demasiado en poco tiempo. Y en nuestra ciudad sucede mucho más de lo mismo. Mi coche, mi móvil y yo.

 

Y es que el móvil se ha convertido en solucionador de urgencias que no lo son, porque ahora todo es urgente sin ser urgente y llevamos las urgencias hasta en los lugares donde no debemos. El teléfono móvil se ha convertido en despacho móvil, en oficina móvil, en taller móvil, en distracción móvil, en evasión móvil y paradójicamente en pérdida de tiempo móvil. Hoy gracias al teléfono todo es móvil. Las cosas se inventan con unos fines prácticos y positivos, después se adulteran y desvirtúan, por eso hay que saber utilizarlas con madurez y sentido común; los juguetes están para ser utilizados a otras edades. Y les dejo contándoles una anécdota  que dicen sucedió cuando empezaron a utilizarse estos ya inevitables aparatos.

 

Cuentan que un viajante en uno de sus viajes malpensó en ir a visitar una de esas casas a las que tienes que pagar para pasarlo bien. Estando en el salón de espera para ser atendido, sonó el teléfono, era su esposa. El hombre sin estar acostumbrado aún a llevar encima el móvil y sorprendido por la llamada de la “legítima” en semejante sitio no tuvo más ocurrencia que decirle ¿Pero María co…co… como sabes que estoy aquí? Y es que el móvil tiene eso, que va donde va tu cuerpo y tu conciencia. ¡Ah! y tu coche.

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