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Sábado, 5 noviembre 2016

Reflexiones sobre la vocación una tarea difícil y necesaria

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BLOGS | Vicente Langreo 0 Comentarios

 El sentido de  la vida y de la existencia cristiana debe orientarse como vocación, e identidad, según la antropología y  la cultura, e ideal  para vivir,  que entraña propósito y pasión por las causas que lo merecen  y engrandecen a la persona, “Es constitutiva del ideal humano que orienta al hombre  a la plenitud  personal,  identidad verdadera que marca la dirección, el fin y el sentido de  la  vida. ¿Para que he sido creado, y que debo y puedo hacer en el m mundo? La fe cristiana constituye y ofrece una vida auténtica  que está en la relación con Dios. Ser creyente es responder a esa llamada, una iniciativa amorosa de Dios. Esta hay que entenderla  no solo referida al sacerdocio y a la vida consagrada; todos los cristianos por el bautismo, recibimos la vocación a la vida  cristiana y a la perfección según el Concilio.(GS.32) Pero hoy vivimos en un mundo donde el cambio y la cultura acaparan la vocación del todo cambiante, pero la verdadera vocación exige resistencia y persistencia, compromiso y responsabilidad, y  debilidades.

 

La vocación cristiana consiste en ser llamados a un diálogo  con Dios. Es como un encuentro interpersonal con El. Desde el nacimiento Dios nos asocia a su plan de salvación para la humanidad, nos llama a la existencia, la vida es  el primer regalo que  tenemos que conservar. Esto nos lo revela  la Biblia y el Vaticano II dice donde reside la profunda dignidad del ser humano: “en la vocación del hombre a la comunión con Dios; existe por al amor de Dios  que lo creó y lo conserva. “El hombre vive en la plenitud de la verdad, cuando libremente lo reconoce y se confía a su creador”(GS.19)  Llamados a reproducir la imagen de Cristo, el dialogo entre Dios y el hombre, tiene su centro en Cristo. “No somos cristianos por una idea o por una decisión ética, sino por el encuentro con un acontecimiento y con una persona que da un nuevo horizonte y un decisivo sentido a la vida.”(Benedicto XVI) Así vivir como seguimiento,  es dejarse trasformar y asumir los sentimientos de  Cristo” ( Flp. 2,5)  Creados a imagen de Dios debemos   configurarnos con  Él, partícipes de su filiación  divina e hijos adoptivos de Dios, que  nos ha salvado por Cristo, esta salvación es comunión con él, y acceso al Padre.

 

Por esto debemos responder  desde la libertad.“Dios que te creó sin ti, no te salvará sin ti”(S.Agustín) La vocación obra de Dios en el hombre, requiere respuesta y colaboración del hombre” Somos atraídos por Dios, pero no obligados. Seducidos a una experiencia de encuentro, la respuesta  debe ser coherente con el ser imagen de Dios. “La libertad es la capacidad para lo eterno”.Pero también somos  llamados para ser enviados y abrirnos al diálogo con los demás. “Porque somos de Dios, debemos ser para  los demás, dispuesto al amor. Vocación y misión  son convergentes. La libertad afecta a la persona y a la relación con los demás. La filiación con Dios en el Hijo implica la fraternidad. La vocación cristiana está siempre abierta a mejorar  la vida des demás.

 

Vivir la vocación en un mundo en transformación, es hoy más difícil que en el pasado, dada la globalización  y el pluralismo. Se exige mayor flexibilidad y creatividad cuando predomina lo efímero y no son bien vistos los compromisos definitivos; somos esclavos de los deseos, propinan la impaciencia y la aceleración. El presentismo olvida el presente y se desentiende del futuro (rupturas matrimoniales, secularizaciones) La configuración de la identidad y el compromiso están debilitadas por el consumismo y las ofertas  que se imponen en una sociedad  desestructurada. Pero la vocación es una propuesta  necesaria  y urgente Tomar las riendas  de la propia vida, elegir y decidir debe unir el pasado, el presente  y el futuro, en coherencia con la dignidad y crecimiento de si mismo, desde la historia personal entrelazada con el amor de Dios a cada uno.

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