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Jueves, 10 noviembre 2016

De mal en peor

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BLOGS | Lorenzo Sentenac Merchan 1 Comentario

Hemos visto estos días imágenes de nuestros hospitales que nos han recordado las situaciones cochambrosas de la era Cospedal, grabada a sangre y fuego en nuestra memoria porque durante la misma se puso dinamita, deliberadamente y con ánimo de lucro, bajo el Estado de bienestar, es decir, bajo uno de los pilares fundamentales del Estado.



Y esa operación de acoso y derribo contra esa conquista histórica que constituye el servicio público (sanidad, educación, dependencia, investigación..,) no fue consecuencia de una crisis circunstancial (aunque fue estafa que vino al pelo), sino claramente fruto de un planteamiento ideológico y de una estrategia elaborada, cuyo objetivo es el más zafio de los negocios: lucrarse y poner precio -elevado- a lo que son derechos humanos y objetivos públicos, cuyo sostén y garantía debe ser consecuencia necesaria del mismo hecho de vivir en sociedad.

 

En ese sentido, ese planteamiento  ideológico no está muy lejos de la barbarie, ni tampoco de la selva.



En esa etapa, el patrimonio público, resultado de tantos esfuerzos colectivos, sufrió un asalto sin precedentes, y nuestros derechos como ciudadanos fueron rodeados por una turba de antisistema, que tenían un único objetivo en mente: revertir la Historia mediante el más despreciable de los saqueos, aquel que respeta la corrupción y arrasa con los derechos humanos.



Nadie envío en esa ocasión a las fuerzas de orden público a defender ese patrimonio público y esos derechos, que el mandato constitucional protege.



Acosado, nuestro Estado de bienestar que define constitucionalmente nuestro Estado social y de derecho, sobrevivió a duras penas, casi siempre por la defensa que de él se hizo en los juzgados y las calles.
Fueron muchos los ciudadanos valientes y honestos, las mareas y los juzgados independientes -que los hay- que le pararon los pies a estos nuevos vándalos, los del jaguar y el carrito del helado. Los que querían cerrar los PAC (puntos de urgencias de atención primaria) que constituyen el filtro saturado y desbordado –pero imprescindible- de las urgencias que llegan al Hospital. Imagínense las urgencias hospitalarias sin ese filtro. Una pura insensatez.



¿Y la recompensa de esa lucha son las imágenes que ahora vemos?



Ahora con Page como entonces con Cospedal, el Estado de bienestar importa muy poco, estorba, y casi parece que molesta. Como importan poco los profesionales y sus condiciones de trabajo. No molestan sin embargo los privilegios de los políticos, incluso de los que ya no ocupan ningún cargo. De no ser así, un presidente autonómico no vería con tranquilidad dichas imágenes que revelan un apelotonamiento de personas enfermas, unas condiciones insalubres de trabajo, y en definitiva un trato inhumano de unos y otros -profesionales y enfermos- sin fulminar dimisiones.



Pasillos de Hospital cegados de enfermos maltratados por los recortes y de trabajadores explotados por esos mismos recortes, indican que el río de nuestra democracia no fluye, y que nuestra política social y laboral hace aguas. La política social, la política laboral, todo lo que es importante en un país.
No hablo de política socialista o de política solidaria, hablo de política democrática a secas, de política constitucional.



Y esta igualdad de resultados de la política de ambos dirigentes, Cospedal y Page, que se traduce en un deterioro de lo público, viene a coincidir con un momento político a nivel nacional en que las respectivas marcas políticas de sendos  mandatarios, hacen piña y causa común para mantener una política de recortes cuyo próximo tijeretazo, ordenado por Bruselas y al servicio de los banqueros de Merkel, se baraja entre cinco mil y quince mil millones de euros, según distintos cálculos.


No sería difícil diseñar un software informático que tradujera y convirtiera esas cifras frías y asépticas en maltrato humano y ciudadano, y por ello mismo en burla de nuestra Constitución y de nuestra democracia. Y a manos de los que se autonombran "constitucionalistas". Los del 125.



Los que defienden esos derechos que nuestra Constitución reconoce y protege ¿son antisistema? ¿O son antisistema los que por sistema, y por turnos, los atacan?

 

No salgo de mi asombro cuando escucho (o leo) al portavoz adjunto del grupo popular en las Cortes regionales, Carlos Velázquez, denunciar que "está empezando a haber listas de espera en Atención Primaria" en Castilla-La Mancha, una situación que, en concreto, se ha dado en el municipio de Illescas (Toledo).

 

¿Está empezando? Llevamos años, si no lustros, conociendo y padeciendo (y denunciando) listas de espera en atención primaria, listas de espera para el médico de cabecera (se dice pronto), y no en un centro (Illescas), sino en casi todos, y no una espera de siete días sino en ocasiones de bastantes más.
Cierto es que no hace tantos años tal situación no se contemplaba y habría resultado inverosímil, pero hoy es el pan de cada día. Situación que es conocida tanto por los profesionales como por los pacientes.

 

Y por cierto, si bien con la mal llamada crisis esta situación se ha agudizado, el mal y el deterioro ya existían antes de la misma, porque las bases ideológicas del maltrato laboral, de los contratos basura, y de los recortes del estado de bienestar, no empezaron con esta última estafa.

 

¿Las causas? Muchas han sido señaladas en las denuncias de estos años: desde la no cobertura de las licencias reglamentarias de los sanitarios, escasez de personal (que además huye por el maltrato), hasta un calendario de guardias en atención primaria diseñado para multiplicar el número de ausencias y consultas perdidas. Si se hace un cálculo de las consultas perdidas cada mes y en cada centro de salud de nuestra comunidad por un mal diseño del calendario de guardias, nos llevaríamos un gran susto.

 

Bastaría respetar el calendario de guardias “rotatorio” que dicta la ley, para al menos aminorar las listas de espera en atención primaria, la saturación de los PAC, y la saturación (una vez desbordados los primeros) de los servicios de urgencias hospitalarios. Pero la administración hace dejación de funciones, no respeta el modelo rotatorio (que está en la ley), y entrega la gestión del calendario a unos pocos (a dedo) que son juez y parte.

 

El fracaso del modelo tradicional de médico de cabecera (sin listas de espera) conduce a que los turnos de urgencia en los PAC sean una consulta a destajo que dura 17 o 24 horas, intentando solventar las consultas ordinarias que no se han pasado (¿dónde está salud laboral?), y por rebosamiento todo ello conduce al caos asistencial en los hospitales.

 

¿Cómo lo explica y lo viste esto el consejero de sanidad, Jesús Fernández? Pues así: "Tenemos un 20 % más de asistencia de urgencias en Toledo y es porque nos hemos vuelto a hacer atractivos".

 

Imagínense la gracia que les habrá hecho este chiste a los pacientes y a los profesionales.

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1 Comentario
FR. Breijo-Marquez
Fecha: Jueves, 10 noviembre 2016 a las 19:47
Buen tema. Tema certero. De tanto 'pasar la pelota', ésta se pinchará.

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