Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies

Sábado, 12 noviembre 2016

La vaca que ríe

Marcar como favorita Enviar por email
BLOGS | Fermín Gassol Peco 0 Comentarios

No pretendo hacer publicidad de nada y menos de algo que tiene origen francés, sino que mi única intención es ponerles sobre aviso por si acaso se encuentran en esta situación. Si alguna vez en uno de esos placenteros paseos por el campo que la naturaleza invita a dar en estos espléndido días que está regalando el otoño, una vaca se les queda mirando y les sonríe,  bien digo les sonríe, no piensen que se trata de un espejismo que aquí todavía no hay desiertos, antes al contrario, puede que sea una extraña realidad.

 

 Trabajos realizados durante seis años por un consorcio de trescientos investigadores en una veintena de Universidades y distintas Instituciones de veinticinco países entre los que se encuentra España han descubierto que el ochenta por ciento de los genes que poseen las vacas y nosotros los humanos son comunes. Todo comenzó con las investigaciones de ADN en los bóvidos para mejorar los rendimientos de leche y carne y mira tú por dónde han descubierto con este interesante propósito otro de mucho mayor calado, que ambas especies tenemos “por dentro” cierto aire de familia.

 

Para un profano la cosa es sorprendente porque supone un alto grado de afinidad  para quienes presentamos aspectos tan distintos pero deben ser cosas del genotipo que suele discurrir por distintos derroteros que el fenotipo o parecido físico. Dicen los sabios de esto que la aproximación genética se ha acentuado con la domesticación del ganado y su relación con el hombre; lo que no sabemos aún es el precio que vamos a pagar nosotros con este paulatino acercamiento hacia los bóvidos porque nada es gratis, es más, ahora podemos comprender mejor las continuas referencias a estos animales cuando queremos definir las actitudes de personas a las que calificamos de “cabestros”, hombres que están “hechos un toro” o personas que no dicen “ni mu”, por no mentar a las vacas al resultar estas comparaciones femeninas especialmente molestas e incorrectamente políticas.

 

Esta carga genética común ha sido muy útil para descifrar enfermedades como el “mal de las vacas locas” y convertir a las reses en nuevos y enormes “ratones” de laboratorio ya que estos pequeños animales, vetustos objetos de experimentación no comparten con nosotros tanto contenido genético. El mayor problema para investigar con este material es la incomodidad en su manejo como “conejillos de indias” pero el mapa  genético que ofrecen  lo compensa con creces.

 

Sin embargo esta información, no sé a ustedes, pero a un servidor no le resulta nada cómoda, que quieren que les diga; hasta hoy nos comíamos los chuletones con todo el gusto del mundo pero desde ahora cuando nos llevemos a la boca alguno, no podremos librarnos de pensar que le estamos “metiendo el diente” a un “pariente” aunque sean algo lejano, resultando especialmente desagradable para aquellos a los que les guste poco hecho.

Acceda para dejar un comentario como usuario registrado
¡Deje su comentario!
Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la nuestra
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
eldiadigital.es
eldiadigital.es • POLÍTICA DE PRIVACIDAD Y COOKIESAVISO LEGAL Mapa del sitio
© 2018 • 2010 Todos los derechos reservados. Información de agencias: Europa Press
Powered by FolioePress