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Miércoles, 23 noviembre 2016

Las fotos de una vida

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BLOGS | Fermín Gassol Peco 0 Comentarios

El sonido y el fogonazo del flas indicaban que la foto para rememorar el momento estaba hecha. Era el final del rito establecido para el posado fotográfico hace apenas un siglo. Una fotografía era en aquella época algo excepcional, estaba reservada para ocasiones especiales y poder así perpetuar algún evento; una manera de pasar aunque fuera sobre el papel, a la posteridad. Eran fotos con carácter de testimonio para el futuro; por eso y como momento importante, quien posaba solía ataviarse con sus ropajes más preciados. Todos podemos saber hoy cómo eran nuestros bisabuelos o tatarabuelos por esas fotografías más o menos ennegrecidas que colgaban y quizá cuelguen todavía en algunas paredes de nuestros salones.  

 

 Con el paso del tiempo estas máquinas se hicieron más pequeñas y portátiles, la gente comenzó a viajar con mayor asiduidad y las cámaras fotográficas fueron popularizándose pasando a ser compañeras inseparables a la hora de dejar constancia de andanzas o celebraciones. Gracias a ellas los recuerdos podían ser revividos pasado un tiempo.

 

 No obstante y a pesar de su mayor utilización, cada fotografía seguía siendo algo con entidad en sí misma. La dependencia de los carretes con un número de fotografías limitado y el precio que el mismo carrete tenía, hacía que antes de hacer una foto se mirase bien la obra. Después, el tiempo que transcurría hasta tenerlas reveladas, unidas a la posibilidad de salir movidas o con mayor o menor calidad convertían el momento de ir a recogerlas en algo parecido a la expectación que se disfruta ante el alumbramiento de una nueva criatura.

 

 Hoy sin embargo con las cámaras digitales hacemos las fotografías como rosquillos. Liberados de la dependencia de carretes, con unas tarjetas de memoria que pueden almacenar miles de ellas, la fotografía se ha convertido en algo mucho más rutinario, fácil de hacer pero sobre todo en algo muy rápido de obtener o borrar, lo que quizá la convierta en algo menos valorado. 

 

Algunos de ustedes dirán ¿Para qué esta insistente referencia a la fotografía? Pues por lo a continuación les digo:. Que quizá el desarrollo de la técnica fotográfica sea un ejemplo magnífico para explicar la evolución de nuestra sociedad en una doble coordenada, la del progreso y la de la superficialidad.

 

 El progreso nos ha dado la posibilidad y la gran ventaja de la calidad y de la rapidez; de este progreso se valen quienes lo saben utilizar y apreciar, pero también tiene el inconveniente de que si no se estima en lo que vale podemos acabar haciendo de él una irresponsable vulgaridad.

 

Las cosas tienen su entidad e importancia independientemente de la facilidad con que se consigan. Esta rapidez en lograrlas hace que aquellos que las utilizamos, deberíamos tener la suficiente preparación, conocimiento y formación para saber interpretarlas; si no lo hacemos, estaremos menospreciando muchos de los momentos de nuestras vidas, pasando por ellos sin saborear el gran valor que posee cada una de esas fotografías que contienen el precioso álbum de nuestra existencia, de cualquier existencia.

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