Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies

Miércoles, 23 noviembre 2016

Independencias y austericidios

Marcar como favorita Enviar por email
BLOGS | Lorenzo Sentenac Merchan 0 Comentarios

Según cuentan, cuando Heidegger volvía cabizbajo de la pesadilla siniestra del nazismo, en la cual había colaborado, le preguntaron aquello de ¿Qué tal por Siracusa?, recordándole con ironía el paralelismo histórico de su caso con otro episodio similar, acontecido a su colega Platón. Y es que el filósofo griego, discípulo de Sócrates, tampoco hizo ascos a un régimen liberticida, justificando su conformidad y buena índole con aquel mal, por la aspiración a un sumo bien.



Excusas nunca faltan en estos casos, y siempre hay varias a mano, como el noble intento de hacer realidad humana la fórmula geométrica de la ciudad ideal, o el gobierno técnico y tecnócrata de los “sabios”, o la perfecta clasificación de los ciudadanos en la escala social mediante categorías supra e infrahumanas, o defender el orden tradicional e inmutable de las cosas, que tiene su exacta correspondencia ideal en el cielo, o preservar la unidad sagrada de la patria, que lo es desde y para la eternidad (la cual no tiene fronteras), con un destino en lo universal del que el mismo cosmos es consciente y responsable en su ciega y fatídica expansión.



Diógenes el cínico -un "Sócrates enloquecido" lo llamaba Platón (y es que los cínicos también bebieron de la sabiduría irónica de Sócrates)-, para quien lo único sagrado y digno de estudio era la Naturaleza, y que no tenía más patria que su manto y su tinaja, improvisada casa a la que de vez en cuando ponía a rodar cuesta abajo para reírse un poco de sí mismo y del urbanismo en boga, y que aunque filósofo práctico, no tenía título académico reconocido, y que andaba siempre con Platón como el perro -nunca mejor dicho- con el taimado gato, le soltó en cierta ocasión y en plena cara al fundador de la academia y máximo teórico de la república ideal (e inhumana), aquello de: " si hubieras aprendido a lavar berzas no tendrías que adular a Dionisio". Que hoy podría transmutarse por una interpelación a Rajoy y sus marcas blancas: “si no hubierais robado tanto, no tendríais que adular a Merkel”.



Dionisio era, por cierto, el tirano de Siracusa. De ahí la sorna y segundas intenciones con que preguntaban a Heidegger.



Aquí el arte de lavar berzas es símbolo y metáfora de la austeridad y de la independencia, que te permite ser libre y no arrodillarte ni doblegarte ante los poderosos y los tiranos.



Diógenes, cuya constitución política (sólo para él) no constaba más que de un único artículo: "Se libre e independiente"; y que se preciaba de no tener más dueño, patria, y maestro, que la Naturaleza, de la cual era aplicado y fiel discípulo, hizo de la austeridad sana y firme, el medio de lograr el sumo bien: la libertad.



Paradójicamente las austeridades que ahora se estilan, persiguen el fin contrario: amalgamar esclavos domesticados bajo la red de la necesidad y el miedo. Y de paso enriquecer a sus amos.
Son austeridades que anemizan el ánimo y trombosan el espíritu vital de los individuos, y por ende, de la sociedad.



Y esta es la diferencia que hay entre una austeridad sobria y saludable, y un austericidio alienante y letal. Entre la austeridad que decide un individuo, libre, para sí mismo, y la austeridad que decide el mercado (y su establishment) para los demás, pero no para él.
Por cierto, este "mercado" automático y casi geométrico (un arquetipo platónico) es de carne y hueso, tiene nombre y apellidos, y sede en uno o varios paraísos fiscales. Es decir, aunque ente metafísico, da el perfil pedestre y rancio de los nombramientos y colegas de Rajoy.



Hay muchas formas de suicidarse: mediante austericidio (que es un suicidio “asistido” desde arriba), o viendo telebasura (que es un suicidio de la mente y la conciencia, implementado a la vez desde arriba y desde abajo). Es decir, cayendo desde el cielo y en ambas direcciones.



La riqueza del lenguaje muchas veces viene dada por su ambigüedad y polisemia. Y un ejemplo notable de esta característica se encuentra en la ambigua y contradictoria resonancia de la palabra austeridad. Sobre todo una vez que se ha hecho frecuente (y ubicua) muletilla de la discusión economía actual, y trampantojo de su opuesto: el lucro desregulado y desmedido.



La vieja palabra ha encontrado en nuestro tiempo un nuevo camino de significados con su derivada "austericidio", que introduce la duda en la autoría del hecho que se quiere significar, y la duda en su naturaleza de vicio o virtud, de medicina o veneno.



Efectivamente uno no se austericida –habiendo salud mental- de propia iniciativa, sino movido de fuerza mayor o por orden de la superioridad. Y esa es la clave, porque en esta austeridad letal y nociva, lo que subyace y funciona es la ley de la fuerza y el bárbaro sometimiento, mientras que en la otra austeridad sana y saludable, lo que funciona es la libertad de elegir y dirigir el propio destino, el gusto por la independencia. Un objetivo de nobleza y no un sometimiento servil.



Y es que aunque "grasa" hay, no está dónde se ha metido el cuchillo hasta matar el músculo, cortar los tendones, y llegar al hueso (sanidad, educación, dependencia, investigación…), sino donde no se ha querido meter. Ahí si hay grasa para recortar: en las prebendas; en los pesebres políticos; en las pensiones anómalas de los miembros del cotarro; en las administraciones duplicadas e inútiles; en los amigos privilegiados que no pagan impuestos, o se les permite y amnistía el delito fiscal; en los despilfarros y las grandezas falsas que se quieren aparentar; en los brillos de oropel que no visten al Estado, sino que lo disfrazan dejando en pelotas y con deudas al ciudadano; en la tramoya monárquica y su particular Disneylandia; en los mil y un mecanismos que nos dilapidan el patrimonio público, y que son completamente prescindibles e inútiles.



El austericidio no es el abono que devuelve la savia y las raíces de la vida a la tierra, sino aquel otro que las quema e intoxica. Evidentemente, amputar un miembro natural en un organismo puede ser un acto terapéutico, pero no es de los más finos. Sobre todo si por esa amputación, el organismo pierde su equilibrio y se cae.

 

Este país volverá a tener alguna posibilidad de esperanza aleatoria y mínima, de futuro contingente y esquivo, cuando se vayan de verdad, los que ya se habían ido de mentira. Y con su grasa a cuestas.



Y es que aquí, irse, lo que se dice irse, no se va nadie. Echar echan a casi todo el mundo, sobre todo si son honrados y eficientes trabajadores públicos, pero ellos no se van.
El pesebre y la prebenda tienen un poder magnético fatal.



Expresidentes, exministros, exsecretarios; ex altos cargos, poltronas recalcitrantes y fúnebres; rémoras perennes, pensiones anómalas y vitalicias; consejos consultivos de aburridos durmientes; cementerios de elefantes vivos; pesebres seniles para su garbosa juventud (ellos dejan de trabajar antes de que les llegue la edad, los demás tendrán que seguir trabajando después de jubilarse); silencios bien pagados, oasis para los imputados mudos; secretarias vitalicias y chóferes en propiedad postmorten, que se echan un pitillo con el barquero de la laguna Estigia y aspiran, como en los tiempos antiguos, a ser sepultados con sus dueños.



Y todo ello a cargo del contribuyente, ese al que los dioses han expulsado del paraíso mínimo de un trabajo honesto y dignamente remunerado.
¡Cómpreme un enchufe señorito para ponérmelo en el ojal!

 

¿Qué quiero decir con esto?
Pues nada del otro mundo sino de este: que las antiguas lecciones no envejecen, como tampoco los viejos vicios ni las eternas mentiras.


 

Acceda para dejar un comentario como usuario registrado
¡Deje su comentario!
Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la nuestra
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
eldiadigital.es
eldiadigital.es • POLÍTICA DE PRIVACIDAD Y COOKIESAVISO LEGAL Mapa del sitio
© 2018 • 2010 Todos los derechos reservados. Información de agencias: Europa Press
Powered by FolioePress