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Domingo, 4 diciembre 2016

Cacao y no“maravillao” precisamente

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Algunos de ustedes y algunas también, para ser políticamente correcto, recordarán a aquellas espléndidas chicas que cantaban y bailaban hace años en televisión, las famosas Mama Chicho, que lo mismo se contorneaban de una manera impresionante que cantaban los números de la lotería cada noche en una cadena, conocida y no precisamente por sus programas culturales, sino en este caso esculturales; entre su repertorio había una canción que se titulaba, “cacao maravillao” y ciertamente, se trataba de cuatro maravillosos cacaos para vista.

 

Pero el cacao al que me quiero referir, no tiene ese tono festivo y alegre sino que hace referencia al cacao de ideas que existe en nuestro país aunque no sea  cultivo propicio de nuestro suelo. Cuando decimos de alguien: “¡tiene menudo cacao!” expresamos con esta frase el estado de confusión mental que una persona posee al pensar, al expresar alguna idea o tener un espeso comportamiento.

 

Tener las ideas claras, orden mental, sentido común, criterios de identificación clara de las cosas en cada situación, distinguir el grano de la paja es fundamental para que las instituciones y personas de una sociedad avancen. En un mundo multicultural, globalizado, con posibilidad de emitir opiniones universales sobre todos los temas que se tercien, donde es frecuente encontrarse con situaciones en las que se sitúan todos los pareceres a un mismo nivel, ignorando las muy diferentes formaciones, cualidades, saberes y experiencias de quienes las pronuncian, el grado de confusión mental puede llegar a ser importante y grave para el devenir social.

 

 La consecuencia más inmediata y profunda de esta especie de “democracia de opiniones” es la ausencia de jerarquía en los valores a los que referirnos. Caer en una especie de relativismo ideológico, no por la complejidad de pensamiento sino por ignorancia de conceptos. Cuantos cerebros pasan por “maestros” de la vida que no enseñan absolutamente nada. Tener la cabeza bien amueblada no es tarea gratuita ni fácil en estos momentos. Tener ideas nuevas en un mundo donde ni en la Universidad, origen de tantas revoluciones ideológicas, se cuestiona ya nada sobre esta sociedad domesticada y conformista es algo impensable.

 

Los medios e instituciones no lo ponen fácil. En esta inmensa coctelera en la que estamos sumergidos se mezclan a diario noticias que hacen dudar de si estamos despiertos o son una broma. ¡Si Unamuno, Ortega o cualquier otro de su generación levantaran la cabeza! Aquí da la sensación de que hemos perdido el norte, la esencia y la importancia de las cosas o bien nos sucede como a Groucho Marx: “Estos son mis principios. Si a usted no le gustan tengo otros”; los que hagan falta en esta feria de necedades, apostillo. Vivir para morir desde luego.

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