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Sábado, 17 diciembre 2016

Misericordia y Perdón - II

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BLOGS | Vicente Langreo Domingo, 4 diciembre 2016 17:26 | 0 Comentarios

Siguen las enseñanzas de “Misericordia et misera” (Exhortación Apostólica”) nº  6) La escucha de la Palabra de Dios tiene un significado particular. Cada domingo es proclamada en la comunidad cristiana, para iluminar el  misterio pascual. La Eucaristía  implica un diálogo entre Dios y su pueblo. En las lecturas  bíblicas se recorre la historia de la salvación, como anuncio de misericordia incesante. Dios nos habla como amigos y se“entretiene”con nosotros  acompañándonos  con  su Palabra. Es importante la Homilía por la verdad, la belleza  y el bien, que llega al corazón  de  los  creyentes. Comunicar la certeza de que Dios no es un ejercicio retórico, sino condición de credibilidad del propio  sacerdocio, anuncio de conversión y  consolación en la vida  pastoral. Junto con la catequesis son siempre el sostén de la  vida cristiana.  7) La Biblia es la historia  de las  maravillas  de  Dios y de su misericordia. El Espíritu Santo por  los profetas y por los “sapienciales” modeló la historia de Israel, recociendo la ternura de la cercanía  de  Dios, a pesar  de la infidelidad  del pueblo. La vida  de  Jesús y su predicación, marcan la historia de la comunidad  cristiana, que entiende su propia misión como respuesta al mandato de Cristo, instrumento de  misericordia  y  perdón, y que gracias a la Iglesia mantiene la fe por medio de la Sagrada Escritura. Deseo – dice el Papa – que la Palabra de Dios se celebre, se  conozca y difunda para “enseñar, corregir  y educar en la justicia”( 2 Tm,3,10) Hay que difundir la Sagrada Escritura, pues el Año litúrgico y el domingo son los medios para el diálogo de Dios con su pueblo.

 


    8)  Celebrar  la misericordia  de Dios  en el  sacramento de la Reconciliación, es un signo del abrazo del Padre que nos sale al encuentro. Hay gran diferencia entre lo que queremos y lo que realizamos (Rm 7,14-24) Pero la gracia nos precede siempre  con rostro de misericordia y perdón. “La gracia es más fuerte, el Dios  amor lo puede todo.”  (I Cr, 3.-7) En el perdón Dios muestra la vía de conversión y experiencia de la cercanía de Dios que perdona todos los pecados (1 Pe.4,8).Pero quiere que perdonemos a quienes nos ofenden. 9)  El Año Jubilar ha sido una gracia del Padre que nos sale al encuentro y es también servicio de los Misioneros de la Misericordia, para vivir la Reconciliación y descubrir que el amor nos hace criaturas nuevas. Doy gracias a cada  misionero. Este ministerio no cesa al clausurar de la Puerta Santa. Será tarea de la nueva evangelización acompañar a los Misioneros de la Misericordia en este tiempo como solicitud y cercanía con formas coherentes. 10)  Invito a los sacerdotes a prepararse  para este ministerio de la Confesión; os pido el ser  acogedores, testigos de la ternura paterna, ante la gravedad del pecado, ayudar a reflexionar sobre el mal, disponibles, pacientes, prudentes y generosos para perdonar y tener un corazón magnánimo, recordando que cada  penitente  os remite a la propia  condición personal, pero ministros de la misericordia.

 


    11) Meditemos las palabras del Apóstol al final de su vida, en las que confiesa a Timoteo haber sido el primero de los pecadores; pero  se compadeció de  mí (1 Tm, 16) La misericordia de Dios cambia y convierte a los pecadores.“Se fió de mí y me confió este ministerio.“Dios nos reconcilió en Cristo y encargó el ministerio de reconciliación” (2 Co 5,18). No existe ley que pueda impedir a Dios abrazar al equivocado. Quedarse solo con a ley es  banalizar la fe y  la misericordia. El cristiano está llamado a vivir la novedad del Evangelio,” la ley del Espíritu que da la vida  en Cristo.” Los confesores somos testigos de la cercanía y  ternura del Padre que perdona. Ayudemos a iluminar la conciencia personal con el amor de Dios.(Jn.3,20) El sacramento de la reconciliación necesita encontrar su puesto central en la vida cristiana. A ningún arrepentido se le impide acceder al amor del Padre. Una ocasión propicia puede ser la celebración de 24 horas para  el Señor el próximo Domingo IV de Cuaresma, como llamada a la confesión

 

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