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Lunes, 12 diciembre 2016

Salir por piernas

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BLOGS | Lorenzo Sentenac Merchan 0 Comentarios

Los regímenes totalitarios o poco atractivos, siempre tienen miedo de que los ciudadanos se les escapen, cosa que no es deseable porque un régimen sin ciudadanos es poca cosa. Aunque ya hay partidos políticos que no tienen por una tragedia, ni por síntoma de que algo no marcha bien, el carecer de militantes. O los sindicatos de afiliados.
Por ahí se empieza. Por esa falta absoluta de empatía hacia el común de los mortales.



El rebaño es manejable hasta que careces de él. Entonces te das cuenta -demasiado tarde- que te has quedado sin rebaño, sin régimen, y sin oficio.



Este tipo de situaciones políticas y sociales las solemos relacionar con regímenes "cerrados" en claro contraste con los que consideramos "abiertos", por ejemplo, el régimen europeo, si es que existe tal régimen, que creo que sí, pues existe una "jefa" y una doctrina "oficial" dotada de inmanencia perpetua y autoridad incontestable.



Nadie podría pensar, hasta ahora, que en un régimen tan atractivo como es el europeo, pudiera haber querencias centrífugas, un deseo irrefrenable de irse del club.
Pero la realidad demuestra lo contrario. Aquí no son individuos, que también, sino países enteros los que ante la imposibilidad de cambiar las cosas -hay una jefa que decide y una doctrina oficial e inmutable- prefieren hacer las maletas e intentar la huida.
Algunos incluso han llevado a cabo esa odisea.



Lógicamente tal circunstancia ha causado escándalo y sorpresa, porque no sólo los sondeos fallan sino que los mitos se caen.



También es cierto, y es un dato que no se puede obviar, que en las fronteras de esta Europa que amenaza con desintegrarse hay enormes contingentes de personas que quieren entrar, que en la mayoría de los casos provienen de situaciones desesperadas, o de salvar en última instancia la vida, para las cuales Europa aparece como un puerto de refugio, casi como un Edén.
Aunque también es cierto que en estos inmigrantes que logran entrar y asentarse, en muchos casos al cabo de una o dos generaciones toma cuerpo la decepción y el descontento.



Tras el trauma que supuso el inicio de la última crisis-estafa del capitalismo, hubo el impulso de "reformarlo". Flor de un día. Lo que se reformó y formateó fueron los derechos sociales y los derechos humanos.
También tras la sorpresa del Brexit y otras amenazas, hubo el impulso de cambiar la doctrina oficial y la idea fundacional de Europa (la llamada Europa de los mercaderes).
Como en el primer caso, parece que esta flor tampoco saldrá adelante, y uno y otro fracaso parecen estar vinculados por una relación de causa y efecto y un mismo dogmatismo.



En definitiva, somos víctimas de una ceguera cerril que se parece mucho a la que padecen las sociedades cerradas.



Nuestro pueril entusiasmo por el capitalismo desregulado, hechizo en el que también han caído los así llamados "socialistas" europeos, tiene varias fuentes de inspiración y modelos a imitar (si no es todo un trueque de intereses muy concretos y particulares en el que las puertas giratorias dan el tono). Uno de ellos es el modelo USA, y quizás el otro la “revolución” thatcheriana.



En cuanto al estilo de vida americano siempre hay datos suficientes (más allá de las películas de Michael Moore) que estropean la fiesta y deterioran la fe. Así hoy leo en la prensa (el País 12-12-16): "Entre 1999 y 2013 se ha producido un aumento de la mortalidad en Estados Unidos comparable a la que provoco el sida en los años ochenta y noventa".
Y también: "EEUU ocupa el puesto 28 del mundo en esperanza de vida".
Lo cual parece indicar que el "progreso" económico va por un lado y la vida por otro. O que los "arquetipos" platónicos flotan en el limbo generando dividendos a muy pocos, sobre una realidad que no acaba de encarnarse en forma de felicidad colectiva ni hacerse palpable al nivel del subsuelo. Macro y micro, mentira y realidad, mito y verdad.



En cuanto a la revolución thatcheriana -el otro modelo ultraliberal- supimos (más allá de las películas de Ken Loach) de qué pie cojeaba su sociedad “abierta” cuando con total desparpajo y declarado agradecimiento por los servicios prestados, rescató a Pinochet de las garras de la justicia.



Allí donde se maltrata al ciudadano, conviene tener la puerta cerrada, y el estado de derecho bajo llave.

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