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Martes, 24 enero 2017

La noche embotellada

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BLOGS | Fermín Gassol Peco 0 Comentarios

Nunca olvidaré, hace ya unos veinte años, el aspecto que presentaba la plaza del Corazón de María al amanecer en un viernes de invierno. No habiendo nevado el suelo estaba completamente blanco. Como nunca había visto nada parecido frené el coche y pude observar el manto inmaculado de…una nube de bolsas de plástico esparcidas por el suelo, un espectáculo, créanme, alucinante. Eran las huellas visibles de la acampada nocturna de unos jóvenes que esa noche celebraban lo que después se ha dado en llamar el botellón. Luego, la “fiesta” se trasladó al INEM y detrás  de los edificios de la Universidad en las inmediaciones de la vía del AVE.

 

Han pasado, como digo veinte años y estas concentraciones nocturnas siguen en pleno apogeo. Lógicamente los que hoy asisten a ellas no son los mismos que lo hacían en la Plaza del Corazón de María. Algo pues, ha prendido en la filosofía de vida y entretenimiento entre los jóvenes de los últimos veinte años. Las noches se han convertido en el momento elegido para las reuniones multitudinarias que como un rito mágico ha enganchado de manera impresionante a una buena parte de nuestra juventud. Lugar de charla y de bebida…cuanto menos. ¿Qué tiene la noche como reclamo? ¿Qué buscan estos jóvenes a esas horas? Quizá encuentren la exclusividad, la falta de control de una sociedad que les marca unas pautas, les exige compromisos y que a esas horas descansa en su inmensa mayor parte preparándose para que la vida pueda proseguir al día siguiente.

 

 El botellón es un fenómeno masivo al que cada vez se incorporan jóvenes a edad más temprana, lo cual hace que nos preguntemos por el grado de autoridad o de interés de los padres por la educación de los hijos porque no es normal que jóvenes de quince años regresen a las seis de la mañana  al  domicilio-hotel  paterno un día sí y otro también.

 

Ya sabemos que ante este vendaval que pregona como primer sagrado deber y obligación, la diaria diversión es muy difícil que unos padres con la soledad de sus fuerzas puedan frenar a esta fácil y agradable “cuesta abajo”. Pero quien si puede y debe frenarlos son los poderes públicos controlando las asistencias de menores, las ventas de alcohol y sobre todo multando a quienes dejan el suelo público como un estercolero. Porque eso de dejar la “mierda” para que otros aunque sea a sueldo la quiten a la mañana siguiente en un ingrato e innecesario trabajo que nos recuerda a otros tiempos y además con el dinero de todos…pues no conduce nada más que a la educación de “monstruitos”. Perdonen, pero sé de lo que estoy hablando.

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