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Miércoles, 25 enero 2017

La llamada inexistente

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BLOGS | Fermín Gassol Peco 0 Comentarios

Siempre me han impresionado los misteriosos fundamentos en que se deben basar las comunicaciones inalámbricas, esas que por arte de birlibirloque sin dejar ninguna huella, al menos que sea visible, pueden llegar a todos sitios. Para un profano en la materia como yo, eso de que, estando donde te encuentres puedas comunicarte a través de esa especie de chocolatina metálica que parece un móvil con cualquier parte del mundo…resulta algo entre conmovedor y fantástico. Y más alucinante es que circulando como circulan millones de ondas de acá para allá por el aire no lleguen nunca a chocar.

 

El mundo de la telefonía móvil es tan sugestivo como espectacular y práctico. Y como no puede ser de otra manera las múltiples empresas que se dedican a comercializar estos ya imprescindibles aparatos, se lanzan a hacer ofertas para disputarse tan suculento y numeroso negocio un día sí y otro también, agudizando el ingenio de tal manera que resultan verdaderas obras del arte de la imaginación. Quedarnos con todas las ofertas que nos llegan, en llamadas a veces por cierto a horas intempestivas, bien obliga a tener un archivador de memorias para almacenar las particularidades de cada promoción.

 

Hasta que pasa lo que pasa. Que con tanta oferta son los mismos ordenadores los que se vuelven locos. Es lo que sucedió en un caso donde se dieron tal cúmulo de despropósitos que no pudo ser obra sino de un enloquecido ordenador con más estrés que dicen tener los ejecutivos de bolsa. Y es que el usuario de una determinada compañía de teléfonos móviles recibió una factura de teléfono con la nada despreciable cantidad de mil veintidós euros por hacer una llamada con una duración de cero segundos, es decir, por una llamada…inexistente.

 

La originalidad del caso no termina aquí, porque se dio la circunstancia de que la  seudollamada se la hizo a él mismo y con el más difícil todavía de tener el teléfono apagado. Una especie de número de circo entre prestidigitador y trapecistas, vamos. Como la empresa operadora no se lo creyó…eso no se lo cree nadie, el llamante imaginario hubo de demostrar que en el momento de realizar la llamada se encontraba a nueve mil metros de altura volando hacia… donde fuera.

 

Estas pasadas navidades me han regalado un teléfono móvil. Entre las funciones que presenta esta “chocolatina inteligente” es la de la “llamada falsa”. Una llamada realizada a uno mismo, ideada para hacerla sonar en caso de necesidad como en el caso de que un tío te empiece a dar el tostón más de la cuenta o te pregunte que cuando le vas a pagar. Me estoy pensando utilizarlo. Porque no vaya a ser que esa llamada falsa venga después con una factura que sea de verdad y me haya pillado además con el teléfono encendido, porque sino ¿para qué lo quiero? Y es que lo dicho…con tanta onda circulando aquí se vuelve loco hasta el mismísimo apuntador…de las facturas.

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