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Jueves, 16 febrero 2017

Si Montesquieu levantara la cabeza

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BLOGS | D. Guijarro 0 Comentarios

Las hordas oscuras que se ciernen sobre el mundo a caballo de políticos populistas, de fanatismos de extrema derecha o del extremo de la insensatez humana encarnada en la persona 'más poderosa del mundo', hacen que los ideales románticos de la Revolución Francesa, se queden en eso, ideales cada vez más lejanos y difusos.

 

Más cerca de nosotros las señales de peligro también abundan, aunque ya se sabe que es mejor mirar los problemas de los vecinos que solucionar los nuestros. Si la 'Libertad, Igualdad y Fraternidad' que se propugnaban entonces no son más que bellos bordados en las insignias de adinerados trajeados, la teoría de Montesquieu no resulta mucho más realista en nuestro panorama social y político.

 

La división de poderes que defendía como garantía del buen funcionamiento de un Estado se convierte en una escena de matrimoniadas. Ejecutivo y Judicial son ese viejo matrimonio que duerme en camas separadas pero que tiene que aguantar los ronquidos del otro.

 

Entre sarcasmo y pullas, de vez en cuando éste le da un codazo a aquel para decirle, 'date la vuelta que tus ronquidos no me dejan dormir tranquilo'. Ese codazo ha llegado hoy de la mano de, nada menos, que el ministro de Justicia a los fiscales. Ha dejado claro que en caso de conflicto hay que hacer caso a los jefes, pues es siempre bien sabido que los que suelen equivocarse son siempre los subordinados. O al menos, son ellos los que siempre acaban pagando el pato.

 

Podría ser una mera anécdota, una declaración desafortunada, un calentón, cual salida de Luis Enrique después de que el PSG le diera un repaso a tu equipo.... pero lo grave es que llega en unos momentos en los que los tribunales están saturados de casos de corrupción. La misma semana que, por fin, existe unanimidad en el Congreso para avanzar, con pasos de hormiga, en la dirección de acabar con la impunidad. Y además, tras indultar a seis personas acusadas de prevaricación y defender que eso no es corrupción.

 

Entonces, ¿dónde hay que poner los límites? Tal vez en cuestión de dinero, si no se roba un millón de euros no es corrupción.... A lo mejor en personas beneficiadas, pues si no se colocan a una veintena de amigos, que luego devuelvan los favores, no es corrupción. O quizás es cuestión de grados, si no está por encima de secretario de Estado no merece la pena que se le relacione con las altas estancias a las que se reserva ese dudoso honor.

 

Los límites hay que ponerlos desde la cosa más insignificante, más cuando se trate de cargos, sueldos o bienes públicos. Pero sobre todo, no se pueden consentir esos codazos para que se mire hacia otro lado. Si a alguien le molestan los 'ronquidos' de los fiscales quizás deba plantearse cambiar de habitación.

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