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Domingo, 19 febrero 2017

Los que nunca se jubilan

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BLOGS | Fermín Gassol Peco 0 Comentarios

“Cuando el trabajo es un placer la vida es bella. Pero cuando nos viene impuesto, la vida es una esclavitud”. Máximo Gorky.

 

En estos momentos de crisis en muchas cosas pero especialmente de crisis económica profunda cuando el trabajo se ha convertido en un preciado tesoro muy difícil de encontrar, en una época donde se nos obliga a trabajar más años para poder jubilarnos, existen unos curiosos personajes que pese a su avanzada edad siguen trabajando todavía, viviendo felices al pié del cañón.

 

¿Quiénes son estos veteranos que se niegan a pasar a la reserva? ¿Qué les mueve para que pese a tener los setenta años cumplidos continúen ejerciendo actividades profesionales?

 

La respuesta, el secreto de esta pervivencia está en la felicidad que el trabajo produce cuando se traduce en una labor creativa. Por supuesto que estos perseverantes trabajadores no representan a la generalidad, ni de los trabajadores ni de las profesiones. Son privilegiados que en su día bien estudiaron una carrera vocacional o crearon negocios y empresas de manera acertada y exitosa.

 

Los primeros son aquellos a los que la ilusión por una profesión les hace identificarse tanto con ella, que profesión y vida se funden en una misma vocación que cada día crece y crece. Los segundos son los emprendedores, los que a base de inteligencia y arrojo alumbran ideas viendo cómo crecen también cual hijos agradecidos.

 

 En ambos casos trabajo y placer, trabajo y creación, trabajo y vida resultan como un matrimonio indisoluble. Porque el trabajo para el ser humano se convierte en un necesario compañero diario al que acabas apreciando o al que terminas odiando. El escritor ruso vivió en la misma época del último zar cuando la mayoría trabajaba penosamente para poder sobrevivir. De ahí la definición del trabajo impuesto como esclavitud. El mismo supo lo que esto era. Cuando se dedicó a escribir, el trabajo se tornó liberación porque pasó de ser una penalidad a un placer.

 

En la sociedad actual no existe tanta extrapolación entre trabajos como hace dos siglos, sin embargo el trabajo se convierte en la mayoría de los casos en una mera forma de ganarse la vida sin pretensiones de crear nada, solamente una manera, no ya de sobrevivir, que en muchos casos continua siéndolo, sino de vivir mejor. Los afortunados a los que la vida les ha proporcionado la dote de gustarles un tipo de trabajo creativo y después la posibilidad de poder ejercerlo con suficientes garantías; disfrutar trabajando como es el caso de los creadores, sean artistas, arquitectos, filósofos, profesores, empresarios o  investigadores, aquellos que aprovechan cada día que amanece para poder crear, para gozar. Por eso es frecuente ver a directores de orquesta, actores, pintores, escritores que ejercitan su vocación hasta cuando su naturaleza les permite. La fortuna de poder ejercer y vivir de la vocación lo expresó atinadamente el actor inglés Jim Fox: “Mi padre siempre me decía: encuentra un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar un solo día de tu vida”.

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