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Jueves, 2 marzo 2017

La avaricia sigue rompiendo el saco

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BLOGS | Fermín Gassol Peco 0 Comentarios

Todos conocemos a personas que parece no estar nunca contentas con lo que tienen, que se comportan como unos niños que quisieran jugar con todos los juguetes a la vez y queman permanentemente los momentos actuales con la amargura de pensar en lo que no tienen y desean a toda costa. En este bestiario, tenemos ejemplos múltiples y actuales, muy actuales, con muy ilustres apellidos. Y uno se pregunta cómo puede ser que personas que poseen millones y millones vayan a la cárcel por querer tener más a costa de delinquir. La respuesta puede ser que el ansia de poseer para estas personas no tiene hartura.

 

El mayor problema, la mayor desgracia del ansioso es que nunca saborea lo que tiene entre los labios; pero no es este el único ni el principal problema porque si las desagradables consecuencias del ansioso repercutieran solamente en él, podríamos decir que en el pecado llevaba impuesta la penitencia. Pero no, ese afán de querer más y más que mueve a los ansiosos incide de manera irremediable en su relación con los demás. El ansioso, en el fondo es un envidioso que vive con el permanente afán de acaparar todo lo que puede, dinero, bienes, poder. El ansia es un anhelo desmedido polarizado en enriquecer más y más a uno mismo pero casi nunca al que más lo necesita; ¡qué pocos casos sabemos de ansiosos que tengan la vehemente preocupación de querer aumentar el bienestar de los demás!

 

Todos hemos oído, quien sabe si sufrido alguna vez, algún caso de voraces propietarios de tierras que han limando las lindes por la codicia de poseer un poco más a costa claro está del que se queda con menos, dando estas historias en algunas ocasiones con la fría tierra del cementerio. Recuerdo hace años cuando ejercía como perito judicial y en ocasión de un deslinde, cómo las circunstancias me obligaron a recurrir a la guardia civil para proceder a realizarlo ante la intransigencia de un litigante que no estaba de acuerdo con el trazado que yo hacía. Cuando le pregunté el porqué de su absurdo comportamiento me espetó: es que el otro tiene más tierras y yo solamente ésta. El ansia es un coctel de envidia, celos y codicia que produce a quien lo bebe una permanente sensación de desasosiego, angustia y rencor.

 

“Por la jodía ansia de querer quedarse con toda la herencia” dijo alguien recientemente en un juicio…El complejo mundo de las herencias, repartos, adjudicaciones…curiosas las reacciones y los disgustos que en demasiadas ocasiones se acarrean, a veces por la disputa de una silla. Conocerán aquel dicho de “qué bien se llevan los hermanos” y  alguien diciendo ¿”Han partío”? Pues eso, el ansia viva, la jodía ansia viva de nuestro genial paisano José Mota. No parece que merezca la pena renunciar a la paz y felicidad ignorando lo que tenemos y deseando de manera desmesurada  todo lo que tienen los demás, que como decía Schopenhauer la riqueza es como el agua salada, cuanto más se bebe más sed da, o reza el viejo refrán: “no es más rico quien más tiene sino el que menos necesita”, que como sentenciaba también uno que sabía mucho de la vida…con dos metros cuadrados todos vamos a tener bastante.

 

La avaricia sigue rompiendo, el saco…muchos sacos.

 

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