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Lunes, 3 abril 2017

Equilibrio

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BLOGS | Lorenzo Sentenac Merchan 0 Comentarios

Así como no es bueno que los ánimos se agiten o se enciendan, tampoco es deseable que los pensamientos y las ideas se paren.
Incluso no sería absurdo pensar que los dos extremos de esta ecuación, mantienen un frágil equilibrio, de tal manera que cuando el pensamiento se detiene o se oprime, los ánimos se agitan y se desatan. Baja un pistón, sube el otro.



El dicho popular de que en la variedad está el gusto, es aplicable a distintos ámbitos de nuestra realidad. Por ejemplo al campo del pensamiento y las ideas. También al paisaje y horizonte de las culturas.
Cuando esta variedad se reduce, la realidad se vuelve más mortecina, más gris, más pobre, y ante la pobreza de propuestas y respuestas posibles, el error no sólo es más probable, sino más letal.

 

Ocurre también en el mundo de la biología, por eso la reducción y desaparición de razas y especies es una metáfora de la extinción del pensamiento. De hecho, sólo un pensamiento ya muy pobre puede consentir, sin darle mayor importancia, esa extinción acelerada de la variedad biológica.



Es este un ejemplo de como el "confort" llevado al extremo, conduce a la ceguera, entre otras atrofias. Y también una demostración de cómo nuestra civilización, tan avanzada, ha acabado cometiendo errores pueriles: destruir lo esencial para fabricar lo superfluo.



La variedad, merced a una serie de mecanismos de relación e interdependencia, alcanza siempre un equilibrio "vivo" y dinámico.
La uniformidad, tanto en el ámbito de la vida como de las ideas, conduce más tarde o más temprano a la parálisis, la degeneración, y la muerte. Es un equilibrio, pero ya sin vida, como de cero absoluto y final de la historia.
El triunfo último y ya irreversible de la entropía.



Si en el pasado -pensemos en la vida, pero también en las culturas- había más variedad y riqueza de la que se prevé que haya en el futuro, habremos progresado mucho, pero no siempre en la buena dirección.



Por eso la globalización es un concepto ambiguo, cuyas consecuencias no están del todo claras, y sobre el que habría que pensárselo dos veces antes de hacer un encendido elogio.
Si a lo que conduce es a la uniformidad, de culturas, de filosofías, de visiones de la vida, de interpretaciones del “progreso”, de propuestas políticas y económicas, ese elogio, a mi juicio, no se lo merece.



En los últimas décadas, la variedad de propuestas y soluciones políticas (y económicas) en Europa, se han reducido de manera drástica, hasta casi conducir a un régimen de pensamiento y partido único.



¿Tiene esto algo que ver con nuestra actual situación de declive, de corrupción?

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