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Jueves, 27 abril 2017

Comidas con firma y mucho cuento

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BLOGS | Fermín Gassol Peco 0 Comentarios

Hace unos días fui invitado a comer en uno de esos restaurantes que figuran dedicados a la “cocina moderna” con firma y todo, como si fuera una tienda de tejidos. Hoy se ha puesto de moda firmar todo y eso, como la muerte, tiene un precio y vaya precios; La “vogue” de ahora mismo es incluir en cada producto que se ofrece el nombre del autor, ¡ay el autor!; que cualquier “prenda” ha de venir firmada y rubricada con el nombre de su creador que en el caso de ser italiano es más creador todavía; parece así que la firma incorporada añadiera más prestigio a la calidad de lo confeccionado. En lo que a la ropa se refiere al menos, siempre compras la talla que tu cuerpo necesita pero lo de la “cocina de autor” es otra cosa.

 

Como invitado a la comida me tocó oír, ver y callar.  Pero les cuento; En la entrada al restaurante, recibiendo, un tío con un traje talar que parecía el Arcipreste de Hita, ¿A qué venimos a comer o a rezar? pensé; ya en el interior a media luz mucha corbata, demasiada gomina, algún collar y más “arciprestes” haciendo confidencias al ir sirviendo las mesas. Nos sentamos en una en las que reposaban unos inmensos platos preparados para recibir la deseada manduca.

 

            El arcipreste mayor nos entregó unas hojas con la leyenda…la leyenda del beso. Cosa fina la poesía que contenía. Entre todo lo ofrecido, leí atónito: “tortilla de patatas desestructurada servida en copa”; la tortilla me gusta mucho pero no me atreví a pedirla por si acaso.   

 

 Al rato aparecieron los “legos” con otros platos enormes que sustituían a los “de paseo” como en las corridas. El plato fue bajando a la mesa despacito y cuando bajó del todo pude ver allá en el fondo un prólogo, una síntesis, un resumen, un canesú, una broma, eso sí todo ello firmado y rubricado a lo ancho del plato por el autor al tiempo que el “monje de turno” nos explicaba…la tomadura de pelo.

 

La aminada charla compensó todo el desmadre y entre chistes y bromas nos fuimos hacia Atocha. Próximos a ella un batallón de jamones colgados en un conocido establecimiento denunció nuestra hambruna realidad, no llevaban firma ni rúbrica pero hubo unanimidad, el bocadillo que nos apretamos llevaba solamente jamón ibérico a tamaño natural. 

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