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Viernes, 28 abril 2017

El civismo y sus normas

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BLOGS | Fermín Gassol Peco 0 Comentarios

¿Existe la ciudad perfecta? Yo no la conozco. ¿Alguno de ustedes sí? Alguien podría tener la idea de levantarla, extremo que se me antoja cuasi imposible, una ciudad sin “vicios heredados”. “La ciudad para todos y para todo” habría de tener una dimensión media, suficiente para una variedad de ambientes pero sin llegar a la masificación. Calles muy anchas, aceras amplias, pasos de peatones elevados con accesos mecanizados, un número de aparcamientos suficiente para poder dejar en coche en cualquier sitio,  carriles para bicicletas, edificios de una sola planta, parques y jardines en la mitad de su superficie,  los comercios más utilizados a diario cada dos manzanas con aparcamiento propio, zonas habilitadas para que los perritos defecasen, todo tan perfecto que la policía no tendría que intervenir, sino en caso de auxilio; una ciudad soñada con todo lo que ustedes pueden pensar. Además la ciudad tendría que ser habitada por personas perfectas, cívicas urbanísticamente hablando. Pero la realidad es la que es; ciudades construidas años atrás sin visión de futuro y ciudadanos a los que les cuesta tener un comportamiento cívico correcto.

 

Dicen que Napoleón ordenaba por sistema que las vías de París tuvieran el doble de la anchura que los arquitectos diseñaban; pero napoleones, personas con visión clara de futuro han existido muy pocos. Las normas que regulan las ordenanzas municipales no pueden satisfacer a todos aunque siempre han existido. Lo que sucede es que en diez años la sociedad se ha vuelto más compleja y la casuística ha variado y aumentado. Pero las leyes han de tener dos características para ser practicadas, la primera que han de ser de sentido común y la segunda pues que han de cumplirse.

 

En España existen leyes que regulan todo lo imaginable pero el cumplimiento y sobre todo el seguimiento del cumplimiento es muy escaso. La ciudad en la que vivo es una ciudad pequeña con calles estrechas para la circulación, donde los aparcamientos gratuitos escasean, los autobuses urbanos se detienen en mitad de la calle para recoger o dejar a los usuarios, donde las calles peatonales se utilizan para aparcamiento de carga y descarga, donde en calles algo más anchas los coches aparcan en doble fila, y en muchos tramos de la Ronda donde el carril derecho se convierte en aparcamiento. En la que los peatones cruzan la calle por donde les da la gana, los perritos defecan en cualquier sitio, los conductores utilizan los móviles con total normalidad, donde se aparcan los coches en las aceras y en los cruces. Así la casuística podría llevarnos a escribir un libro. Cuando la norma llega a casos casi inauditos, deja de tener el cariz del sentido y convivencia común para sospechar que falta civismo.

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