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Miércoles, 3 mayo 2017

El ilusionismo político

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BLOGS | Fermín Gassol Peco 0 Comentarios

La política, permítanme que así lo exprese, es un noble arte al que se une a veces, muchas veces, demasiadas veces, un ingenioso y porque no, arriesgado y divertido juego en el que se mezclan el intelecto con la ilusión para llegar a resultados y conclusiones curiosas una veces, ilógicas otras e inconcebibles en algún caso y casi siempre admirables como los ilusionistas hacen en los números circenses.

 

 Sobre el mundo de la política existen infinidad de expresiones más o menos acertadas, siendo la mayoría de ellas una caricatura o exageración de sus extremos. Los que me conocen saben de mi dicho: la política es el ingenioso arte de intentar demostrar que la suma de dos y dos puede dar cualquier resultado siempre que no sean cuatro que para eso están las aburridas y recurrentes matemáticas. No pretendiendo pasar a la historia con esta definición de andar por casa naturalmente y menos cuando ya alguien que, me consta, sabe mucho de aritmética y política me corrigió al oír esta afirmación; bueno, dijo, incluso alguna vez puede darse el caso de que sumen cuatro.  Admirable coincidencia.

 

Y es que lo verdaderamente ingenioso de este arte es que, aún permaneciendo el resultado de la suma inalterable todos los “sumandos” intentan aparecer siempre con mayor valor; no hay más que escuchar a los “mandamases” de los partidos en la noche de las elecciones por ejemplo, realizando auténticos ejercicios malabares mentales para demostrar a sus electores que han salido victoriosos del trance. Digo al principio que la política es sin duda divertida por las curiosas conclusiones que se extraen pero también puede resultar arriesgada.

 

Y es que este número de ilusionismo adquiere otros tintes cuando se juega a ganar utilizando métodos que aún siendo legales resultan más que curiosos, ilógicos o inconcebibles. Un ejemplo: Cuando dos o más formaciones, que defienden postulados muy distintos estando incluso a la greña en otros escenarios, se unen contra un tercero simplemente para que éste no gobierne  pese a obtener  mayor número de votos y no me estoy refiriendo en estos momentos a nada y nadie en particular, de alguna manera se está adulterando el resultado del pensamiento que la mayoría ha votado.  

 

De esta suma de “peras y manzanas”, de, a veces “perros y gatos” en que se convierten algunas “seudoalianzas” de estos extraños compañeros de mantel y cama se derivan unos resultados que al final y a la postre, no resultan ni del agrado de sus integrantes, ni de la inmensa mayoría del electorado. Y así vemos que pasa lo que pasa, que la duración de estas uniones dura poco tiempo normalmente a no ser que existan intereses “supramatrimoniales” muy fuertes que mantengan esa unión de conveniencia. Y es que la política como ejercicio de poder ha de resultar un plato exquisito con un sabor  tan rico, intenso y contundente que resulta un deleite para todo aquél que lo ha probado.  Tuvo razón Bossuet cuando dijo: la política pretende ser un acto de equilibrio entre la gente que quiere entrar y aquellos que no quieren salir. Pero Bossuet no debía ir mucho al circo.

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