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Jueves, 4 mayo 2017

Felipe de Edimburgo

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BLOGS | Fermín Gassol Peco 0 Comentarios

A veces, la verdad que en contadas ocasiones, ha pasado ante mi memoria la figura del marido de la reina Isabel de Inglaterra. Y siempre la imagen que aparecía era la de un tipo afortunado, muy afortunado, que intimidades conyugales aparte en las que no entro como es natural porque ni las sé ni me importan, pasaba el día rascándose la barriga y cuando no, dedicándose a darse la gran vida a costa de múltiples asociaciones de carácter deportivo y cultural.

 

Recientemente he visto “The Crown”, La Corona, una serie de las televisiones británica y estadounidense. Como no puede ser de otra manera, la figura de Felipe de Edimburgo aparece de una manera frecuente, dibujando trazos de su personalidad y comportamiento. El personaje responde a la perfección con la figura del consorte. Lo que sucede es que el consorte es el marido y la esposa la “reina más reina de la tierra”. Lo del príncipe greco danés es un caso típico de lo que hasta hace poco tiempo suponían los cruces entre dinastías. En este caso, una más de los ingleses, este marino ilustrado hubo de renunciar hasta los calzoncillos que llevaba puestos con marca griega y danesa, para asumir el puesto de ir situado protocolariamente en los actos oficiales medio metro detrás de su mujer y jefa.

 

Y como eso de engendrar hijos no es cosa que lleve mucho tiempo y acompañar a la reina en público tampoco es que fuera cosa de todas las semanas…a este hombre los días se le empezaron a hacer eternos; primero los días, que luego las noches también. Discreto en sus ociosidades, marcado sin duda por la prudencia de una casa real única, también, no cabe duda, por la austera vida de Isabel, la vida de Felipe de Edimburgo se convirtió en un necesario e inevitable pasatiempo.

 

La Casa Real británica ha tenido en vilo durante toda esta pasada noche a la ciudadanía británica… y sumida en la curiosidad al resto del mundo sobre el anuncio de una noticia. Todos los empleados que trabajan en las casas que la corona británica posee fueron llamados de manera urgente hacia las veintitrés horas para que la conocieran.

 

Y la noticia en cuestión es que Felipe de Edimburgo dejará de tener agenda oficial a partir del otoño, es decir dentro de seis meses, (lo cual supone, un saludable y esperanzado ejercicio de optimismo, dada su edad, noventa y cinco años).

 

Espero que los ingleses hayan respirado aliviados ya que la noticia no reviste demasiada importancia para su cotidianidad y para el resto del mundo, esa curiosidad se habrá convertido con toda probabilidad en carcajada. Pero así son los ingleses señor mío.

 

Solo me cabe desear al Duque de Edimburgo que viva para el otoño y así dedicarse a jornada completa a seguir sin hacer nada.

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