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Domingo, 21 mayo 2017

Iglesias y su tómbola callejera

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BLOGS | Fermín Gassol Peco 0 Comentarios

En el mundo de la política siempre han existido palabras mágicas, míticas, frases que parecen por sí solas querer representar lo más profundo de la verdad y la legitimidad pública, legal y moral. "La calle" es una de ellas. 

 

La calle en política es ese lugar donde se reivindican de una manera más o menos agresiva libertades y derechos. En las dictaduras de cualquier signo es el único sitio en el que se pueden exigir tales derechos. Sin embargo, desde el momento que existe la posibilidad de meter libremente distintas papeletas en una urna, tales reivindicaciones pierden su legitimidad y credibilidad, sobre todo si se hacen de manera insultante y agresiva. 

 

En democracia siempre toman la calle los de siempre, aquellos que llamándose demócratas piensan que solamente lo son ellos, es decir los dictadores, nazis, fascistas, leninistas y totalitarios, y la toman, claro está, tras salir derrotados en las elecciones.

 

 Cuando el iluminado Iglesias habla de tomar la calle, adueñarse de la calle, lo que desea es conquistar de esta manera lo no conseguido en los comicios. Es decir utilizar la agitación callejera para beneficio propio. 

 

Lo que además quiere ignorar de manera culpable este mesías decimonónico, este profetizador de calamidades, es su condición de diputado, lo cual le convierte en una vedette política, un narciso del tres al cuarto a pesar de su edad; en “el estado soy yo”, en un Luisito XIV, eso sí, con el pelo recogido. Un púber, un irresponsable político con grave incontinencia y zafiedad oral al que solo le falta una tómbola de muñecas chochonas por detrás.

 

Arrogarse la representatividad política, intentarlo siquiera, cuando se es representanteen el Parlamento del mismo pueblo al que convocas, suena a una infame manera de ofender al más importante estamento de la democracia, es decir, a una bofetada, un escupitajoa la soberanía nacional. 

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