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Viernes, 9 junio 2017

Disparad porque no me moveré

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OPINIÓN - ELDIAdigital.es | C.Moral 0 Comentarios

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Me pongo a tiro. Sí, a tiro. A tiro para la ignorancia, la intolerancia, la ineptitud y la tontería. Le tomo el relevo a la diputada regional de Podemos por la provincia de Valencia, Sandra Mínguez, natural de Cuenca y que este jueves recibía el ataque de otra parlamentaria del PP durante la sesión plenaria de las Cortes valencianas por reprochar al PP “que no hiciera cumplir a la escuela concertada la igualdad cuando llegaban niños con necesidades educativas especiales o extranjeros”. Y es que Mínguez no solo recibía la reprobación del PP en las Cortes, sino que era “víctima” de todo tipo de comentarios insultantes a través de las redes sociales por parte de sus propios “paisanos” que no vieron con buenos ojos que se expresara en valenciano. 

 


“Estic molt orgullosa de ser de Conca y d’estar açí parlant valencià”, dijo. Unas palabras que bastó a muchos para tildar a Mínguez de ser “analfabeta e irrespetuosa con su tierra”. 

 


Una vez más, algunos se esfuerzan por ponerse a la misma altura del nacionalismo, del odio, del desconocimiento. Ponerse a su nivel significa dinamitar el sentido común frente a la necedad. 

 


¿Cuánto puede dañar un idioma a la vida de las personas? Pues depende. Depende del uso que se le dé. Imponerlo nunca. A lo largo de la historia hemos podido comprobar, y todavía lo hacemos, que las imposiciones no benefician ni a los impositores y tampoco a los oprimidos. Lo único que consiguen las imposiciones es crear conflictos. Los idiomas no existen para imponerse, sino para entenderse y dialogar. Me resulta lamentable que esto, que parece tan sencillo de leer y comprender, sea todavía necesario recordarlo hoy.

 


Como testigo del daño que el nacionalismo catalán ha hecho (y todavía hace) a la propia Cataluña, me declaro a favor de la libertad de expresión más pura. No solo estoy a favor de poder expresarme libremente en castellano en Cataluña o en cualquier otro lugar sin que nadie me juzque por ello. También lo estoy de poder hablar en catalán, valenciano, euskera o gallego sin ser juzgada. Porque ningún idioma es mejor que otro y porque tratar de prohibirlos solo contribuye a acrecentar aun más el odio y los propios nacionalismos. 

 


Sin embargo, lo que me ha parecido más irónico de esta situación es que el mismísimo presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, haya tenido que declarar públicamente a través de su cuenta de Twitter que respeta a “alguien de Cuenca por expresarse en castellano u otro idioma en cualquier parlamento”. Y me resulta irónico porque me parece que respetar a alguien por expresarse en el idioma que sea debería estar ya más que digerido por una ciudadanía libre, culta y respetuosa. Y, sin embargo, no es así. Por eso no solo Page, sino otros muchos políticos, pensadores, periodistas, etc. continúan opinando y debatiendo sobre lo mismo. Y por eso yo lo hago hoy y me pongo a tiro para la ignorancia, la intolerancia y la ineptitud. Disparad porque no me moveré de mi sitio. 

 

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