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Sábado, 10 junio 2017

La Generalitat confía en un error de Madrid

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BLOGS | Manuel Campo Vidal 0 Comentarios

Murga garantizada para este inminente verano que se intuye agotador: en Cataluña, en Europa y en el mundo. La convocatoria del referéndum unilateral para el 1 de octubre en Cataluña anuncia forcejeos y declaraciones sin tregua entre independentistas, otros independentistas que no ven clara la huida adelante, defensores de una Tercera Vía que se desgañitan pidiendo un diálogo que no llega, ciudadanos profundamente preocupados por la deriva secesionista, exhibidores rancios de músculo estatal y funcionarios atemorizados por el papel que les tocaría jugar en este auto sacramental, como han advertido, inquietos, los sindicatos. El referéndum que propone la Generalitat necesitaría la colaboración de unos cuatro mil y el Gobierno de Rajoy ya les ha advertido que cualquier orden atípica que reciban, la soliciten por escrito por lo que pueda pasar después en los tribunales.

 

 En ese cuadro escénico tan delicado tendrá más valor el error ajeno que el acierto propio. Puigdemont ya ha contado a los suyos que cuenta con ir a la cárcel, lo que le garantizaría, se supone, pasar a la historia. Oriol Junqueras nos comentó personalmente esa posibilidad para él mismo el pasado 8 de mayo cuando grabábamos su entrevista para el documental de Canal Historia sobre "40 años de democracia". "Algo fuerte haremos pronto y Madrid tendrá que responder", deslizó. Son palabras mayores porque la teoría de Carme Forcadell, presidenta del Parlament, advierte: "Cada vez que el independentismo catalán se estanca, Madrid siempre ayuda". Cierto. Hay mucho torpe al mando. Y mucho pobre de espíritu que no ve más allá de la letra de la ley, o de la emoción descontrolada, en un sentido u otro. En contra de lo que parece, hay estancamiento.

 

Ciudadanos pide elecciones ya en Cataluña porque cree que puede llegar un gobierno "post-procés", no independentista, aupado por una mayoría harta de una carrera hacia no se sabe dónde. Albert Rivera confía en que su candidata, Inés Arrimadas, en alza en consideración popular, puede disputarle la presidencia de la Generalitat a Jonqueras, contando después con otros partidos, se entiende. Junqueras quiere tranquilizar asegurando que no está prevista la expulsión de la Unión Europea de nadie que esté dentro y se sienta europeísta, algo que rebate Josep Borrell, ex presidente del Parlamento europeo y tan catalán, al menos, como él. Y añade: "Fragmentar es debilitar". 

 

La escenificación del anuncio de la fecha y la pregunta del referéndum, solo verbal de momento porque en cuanto se firme será denunciado judicialmente, es de gran interés. Hay en la fotografía rostros emocionados, rostros preocupados y rostros incómodos. La división de opiniones llega hasta en el propio gobierno de Puigdemont.

 

Los acontecimientos en Europa no favorecen la tesis de Junqueras: la Unión, ante el Brexit y ante los nuevos retos de Trump, ha cerrado filas y no está para batallas particulares en casa de sus socios. Y hoy, como defiende María Rojo Izquierdo, que fue la primera secretaria de Estado de Autonomías, "España está compartiendo el núcleo duro europeo, debilitado por la próxima salida del Reino Unido". Salida incierta, porque esta semana Theresa May, la primera ministra, convocó a las urnas para reforzarse y salió debilitada. Excelente alumna de David Camerón y de Artur Más, expertos en ir electoralmente hacia atrás, puede llevar al Reino Unido a un Brexit descontrolado. Mal asunto y mal antecedente.

 

Y por si faltaba poco, Trump contradiciendo a su ministro de Exteriores por el conflicto con Qatar, litigando con el ex jefe del FBI y listo para enviar cualquier tuit de madrugada que alarme, aún más, al mundo. El verano viene cargado de desafíos, ya ven. La esperanza de algunos actores en conflicto es, sobre todo, que un error ajeno acuda en su socorro, tanto en Cataluña como en el escenario europeo. Más tacto desde Madrid y menos desdén sería muy recomendable porque la partida va fuerte.

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